Friday, October 24, 2014
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Bienvenidos a la era de la incompetencia

Hay dos hipótesis diametralmente opuestas sobre lo que sucederá a los tipos de interés reales en el mundo durante la próxima generación.

Quienes predicen tipos de interés en general bajos durante la próxima generación señalan el rápido aumento de la productividad y de la producción potencial en la economía mundial. Según esa opinión, el problema principal que afrontarán los bancos centrales no será el de restringir la demanda, cuando se dispare por encima de su potencial, sino el de estimularla cuando quede rezagada respecto de este. Señalan que los principales bancos centrales del mundo -la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco del Japón- se han granjeado tan firmemente su crédito antiinflacionista, que se ha eliminado de los tipos de interés la prima de riesgo por la inflación.

Los que creen que habrá tipos de interés bajos subrayan también los cambios en la distribución de los ingresos en los Estados Unidos al alejarse de la mano de obra y acercarse al capital, lo que ha aumentado en gran medida los recursos de las empresas para financiar la inversión en el interior y ha reducido la dependencia de los mercados de capitales. Señalan los rápidos avances tecnológicos, que han aumentado la producción resultante de inversiones de capital antiguas y nuevas. Como la competencia es sólida en toda la economía, dicen que podemos esperar una generación de precios relativamente altos de los activos y tipos de interés reales relativamente bajos a escala mundial.

En cambio, quienes predicen tipos de interés reales en general altos en la próxima generación señalan las tasas bajas de ahorro en los EE.UU., los elevados gastos debidos a las cargas demográficas en Europa y los gobiernos irreflexivos que acumulan déficit crónicos y aplican políticas fiscales insostenibles. Imaginemos una panda de gobiernos irresponsables como el de Bush haciendo la política fiscal, para siempre.

También citan oportunidades de inversión en los mercados en ascenso y formulan la observación evidente de que, si China y la India siguen por el camino que van, el peso relativo de sus economías en el mundo se duplicará en el próximo decenio, aproximadamente, pues un crecimiento real rápido va acompañado de la apreciación de sus tipos de cambio reales. Tarde o temprano, el deseo de los bancos centrales chino e indio de reducir los tipos de cambio para aumentar las exportaciones y el deseo de sus ciudadanos ricos de mantener su dinero en cuentas del Banco de América quedarán contrapesados por la pura magnitud de las oportunidades de inversión. Conforme a esa hipótesis, los precios de los bonos en los países postindustriales van camino de un marcado descenso... como también los precios de los bienes inmobiliarios en California, Nueva York y Londres.

Entonces, ¿qué debe hacer un economista? Podría emular a J.P. Morgan, cuya respuesta invariable a las preguntas sobre los precios de los valores y de los bonos y los tipos de interés era simplemente la siguiente: "El mercado fluctuará".

Otra posibilidad es la de recordar al difunto Rudi Dornbusch, quien enseñaba que cualquier economista que pronostique tipos de interés basados en los fundamentos de la economía es un idiota, porque éstos son complejos e inestables y cambian de repente y en gran medida. Aun cuando un economista entienda correctamente los fundamentos, avisaba Dornbush, eso no significa que los mercados los entiendan. Al predecir los tipos de interés, de lo que se trata no es de examinar los fundamentos, sino de prever lo que la opinión de los mercados por término medio espere que será la opinión de los mercados por término medio sobre los fundamentos.

Pero Rudi nunca siguió su propio consejo. Conque permítaseme formular mi apuesta -que sólo cuenta, a mi juicio, con una probabilidad del 60 por ciento- y es la de que los tipos de interés reales en el mundo serán altos a lo largo de la próxima generación y que los precios actuales de los bonos (y los de los bienes inmobiliarios) son insostenibles. Cuatro rasgos de la política moderna en el núcleo postindustrial del mundo me hacen llegar a esa conclusión:

· en los EE.UU., el hundimiento de los republicanos "mayores de edad en el Congreso: el extraordinario fracaso de los conservadores fiscales a la hora de organizar oposición eficaz alguna a la nueva desestabilización de las finanzas estatales americanas por parte del gobierno de Bush. La orgía de déficit de la época de Reagan parece menos un accidente político extravagante que un rasgo estructural de la gestión de los asuntos públicos propia del Partido Republicano... lo que la coalición de gobierno republicana moderna suele hacer siempre que consigue el poder;

· el hundimiento paralelo de una presencia republicana mayor de edad en el poder ejecutivo. Como cuenta Ron Suskind en su reciente biografía del primer Secretario del Tesoro de Bush, Paul O'Neill, el antiguo director de Presupuesto de Bush, Mitch Daniels murmuró para sí en cierta ocasión al final de una reunión desastrosa, "no se trata de un plan republicano típico, de ningún modo". Pero Daniels prefirió presentar su candidatura por Indiana a adoptar una posición de apoyo a unas finanzas fiscales sanas;

· el fracaso de los gobiernos europeos occidentales a la hora de empezar a pensar siquiera en cómo abordar la futura crisis fiscal del estado de la seguridad social a consecuencia del envejecimiento de sus poblaciones;

· la incapacidad de los gobiernos europeos occidentales para promulgar reformas liberalizadoras suficientemente audaces con vistas a crear la posibilidad del pleno empleo, junto con el fracaso de la política monetaria europea occidental a la hora de ser suficientemente estimulante para hacer realidad el pleno empleo.

Los argumentos a favor de unos tipos de interés bajos requieren -me parece a mí- un grado de competencia gubernamental que no es probable, dadas las posiciones actuales de los partidos políticos y la estructura vigente de las instituciones que formulan la política fiscal. Espero equivocarme. Espero que los gobiernos de la Europa occidental y de los EE.UU. afronten sus responsabilidades y apliquen políticas fiscales sensatas y sostenibles. Pero ésa es mi esperanza, no mi pronóstico.

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