Friday, October 31, 2014
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El acto de equilibrismo de Turquía

EAST LANSING, MICHIGAN – Turquía se ha convertido, en las últimas semanas, en la punta de lanza de una política que une al occidente, al mundo árabe y a Turquía, dicha política está orientada a forzar el presidente Bashar al-Assad a ceder el poder en Siria. Este es un gran cambio en la política turca porque en los últimos dos años el gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan se había esforzado de sobremanera en cultivar buenas relaciones con Siria, su vecino, con quien comparte una larga frontera terrestre.

Este cambio de rumbo con relación a Siria, también le ha costado mucho a Turquía en términos de sus relaciones con Irán, país que es el principal apoyo del régimen de Assad,amp#160; ya que Turquía también había cultivado buenas relaciones con dicho país como parte de la política “cero problemas con los vecinos” del ministro de relaciones exteriores Ahmet Davutoğlu.

Teniendo en cuenta estas nuevas tensiones, vale la pena recordar que tan sólo algunos meses atrás muchos líderes estadounidenses estaban furiosos por lo que consideraban la traición de Turquía. En la opinión de estos líderes, Turquía había reorientado su política exterior hacia el Medio Oriente musulmán y se había alejado del Occidente – un cambio que supuestamente se reflejó en el deterioro de las relaciones del país con Israel y en la mejora de sus lazos con Irán y Siria.

Muchos políticos y publicistas estadounidenses, que no pueden o no quieren distinguir entre las relaciones turco-israelíes y las relaciones turco-estadounidenses, interpretaron la condena de Erdoğan al bloqueo israelí de Gaza como un intento de adular a sus vecinos árabes en detrimento de las relaciones de Turquía, no tan sólo con Israel, sino que con el Occidente en general. El intento de Turquía de mediar entre las principales potencias occidentales e Irán con relación al tema de la reserva de uranio de la República Islámica no fue apreciado en Occidente; en verdad, Estados Unidos hizo naufragar el esfuerzo justo cuando parecía estar dando frutos. Y el posterior voto de Turquía en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contra la imposición de sanciones adicionales a Irán parecía ofrecer una prueba más de que Turquía había adoptado una política exterior “islámica”.

La ansiedad de Estados Unidos supuso que es una contradicción que Turquía busque buenas relaciones conamp#160; ambos, Occidente y el Medio Oriente musulmán, y que la decisión de Ankara de mejorar sus relaciones con sus vecinos musulmanes fue motivada principalmente por razones religiosas e ideológicas consideradas importantes por el partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) que se encuentra en función de gobierno. Las recientes relacionesamp#160; tensas de Turquía con Irán demuestran la falacia básica de este supuesto, y apuntan a una política exterior no-ideológica que atiende a los intereses nacionales turcos, tal como los define la elite política del país – incluyendo a los post-islamistas que hoy en día están en el poder.

El desacuerdo entre Turquía e Irán, inicialmente se centraba en sus planteamientos contradictorios a la rebelión interna contra la dictadura de Assad. Irán ha estado invirtiendo fuertemente en el régimen de Assad, su solitario aliado árabe y el principal conducto paraamp#160; entregar material de apoyo a Hezbollah en el Líbano. Turquía, por otro lado, después de algunas dudas iniciales, ha respaldado con todo su peso a los oponentes de Assad, incluso ha provisto refugio a dichos opositores y también a los desertores del ejército de Siria. De hecho, Turquía ha ido aún más allá, ya que ha ayudado a reunirse a la dividida oposición de Siria en su territorio para que ellos establezcan un frente común contra el régimen de Assad y así puedan ofrecer una alternativa creíble a dicho régimen.

Turquía cambió abruptamente su postura con relación a Siria, y ajustó su posición con la de las principales potencias occidentales, por dos razones. En primer lugar, el partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) no podía permitirse el lujo de ser considerado como opositor de la democracia en Siria, ya que su propia legitimidad depende en gran medida sus credenciales democráticas. En segundo lugar, una vez que el gobierno de Erdoğan llegó a la conclusión de que el régimen de Assad estaba destinado a caer, buscó asegurar sus intereses futuros en Siria, que son de importancia estratégica para Turquía –amp#160; aún a costa de poner en peligro las relaciones con Irán.

El descontento de Irán porque Turquía “traicionó” a Assad se vio agravado por la reciente decisión del gobierno de Erdoğan de instalar una estación para alerta temprana antimisiles de la OTANamp#160; destinada a la actividad de seguimiento de misiles de Irán, esta estación está ubicada en Malatya, en el este de Turquía. Según las autoridades iraníes, el sistema de la OTAN está diseñado para neutralizar la capacidad de disuasión de Irán frente Israel, lo que aumenta la probabilidad de un ataque israelí o de EE.UU. contra instalaciones nucleares iraníes. Las autoridades iraníes llegaron a advertir a Turquía que designarían a la estación de Malatya como su primer objetivo en caso de represalia por un ataque occidental contra Irán.

En realidad, Israel puede seguir la actividad de los misiles iraníes desde varios sitios sin incluir a Malatya. La amenaza de Irán, por lo tanto, es más una expresión del descontento con Turquía que una preocupación genuina sobre que la estación de Malatya pudiera afectar negativamente a su capacidad de disuasión.

Las tensiones entre Irán y Turquía reflejan tres realidades más amplias. En primer lugar, la primavera árabe, y especialmente el levantamiento de Siria, expuso la rivalidad subyacente de dos partes por ejercer influencia en el Medio Oriente y el mundo árabe. En segundo lugar, el giro de Turquía hacia el oriente no es ideológico o de inspiración religiosa, sino que se basa en sólidos cálculos estratégicos y económicos; a medida que la delicada situación en el Medio Oriente continúa desarrollándose, Turquía, de manera consecuente,amp#160; tiene que adaptar sus políticas. Finalmente, Turquía ha invertido demasiado en sus relaciones estratégicas con la OTAN, y con los EE.UU. en especial, como para malgastar dicha inversión a cambio de beneficios inciertos provenientes de las relaciones con Irán.

Esto no significa que Turquía volverá a su tradicional dependencia estratégica de los EE.UU. y sus aliados, un enfoque que definió la política exterior turca a lo largo de la Guerra Fría y la década posterior a la misma. El gobierno del partido AKP se ha comprometido con la autonomía estratégica del país y a un mayor activismo en el Medio Oriente. Pero también está consciente de que tales políticas no deben costar a Turquía su relación con la OTAN y los EE.UU.

Turquía está embarcada en un esfuerzo complejo para preservar sus antiguas relaciones con Occidente, mientras que construyeamp#160; nuevos vínculos con sus vecinos musulmanes. Los líderes turcos entienden que el país puede preservarse de mejor manera y aumentar su influencia con ambas partes al mantener buenas relaciones con cada una de ellas.

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