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La estructura narrativa del debilitamiento global

NEW HAVEN – Las recientes señales de debilitamiento de la economía mundial han llevado a que mucha gente se pregunte cuánto influirá el pobre desempeño económico de los próximos años. ¿Nos enfrentamos a una prolongada caída global, o incluso a una depresión?

Un problema fundamental que enfrentan las previsiones actuales es que, en última instancia, las causas del desaceleramiento son en realidad psicológicas y sociológicas, y se relacionan con fluctuaciones en la confianza y los «instintos animales», sobre los que hemos escrito con George Akerlof. Sostenemos que esos desplazamientos reflejan historias cambiantes, epidemias de nuevas narrativas y sus visiones asociadas del mundo, difíciles de cuantificar.

De hecho, la mayoría de los economistas profesionales no parecen demasiado apesadumbrados por las perspectivas mundiales. Por ejemplo, el 6 de septiembre, la OCDE emitió una evaluación provisoria sobre las perspectivas globales de corto plazo, escrita por Pier Carlo Padoan, que insulsamente informa «riesgos significativos» en el horizonte: el lenguaje de la incertidumbre propiamente dicha.

El problema es que los modelos estadísticos que componen el instrumental de los economistas funcionan mejor en tiempos normales, así que los economistas naturalmente tienden a describir la situación como normal. Si la desaceleración actual es típica en relación con otros episodios ocurridos en las últimas décadas, podemos predecir una recuperación similar.

Por ejemplo, en una ponencia presentada la primavera pasada en la Brookings Institution, en Washington, DC, James Stock, de la Universidad de Harvard, y Mark Watson, de la Universidad de Princeton, dieron a conocer un «modelo de factores dinámicos», estimado con datos de 1959 a 2011. Habiendo excluido la Gran Depresión, afirman que la desaceleración reciente en Estados Unidos no difiere sustancialmente de otras ocurridas en los últimos tiempos, excepto en sus dimensiones.

Su modelo reduce las fuentes de todas las recesiones a tan solo seis shocks –«petróleo, política monetaria, productividad, incertidumbre, riesgo financiero/liquidez, y política fiscal»– y explica la mayoría de las desaceleraciones pos 2007 con solo dos de esos factores: «incertidumbre» y «riesgo financiero/liquidez». Pero, incluso si aceptamos esa conclusión, no explican qué causó los grandes shocks de «incertidumbre» y «riesgo financiero/liquidez» en los últimos años, y qué tan predecibles son esos shocks.

Cuando se considera la evidencia sobre los shocks económicos externos durante el último año, o los últimos dos años, surgen historias cuya significación precisa es incognoscible. Solo sabemos que la mayoría de nosotros las hemos oído muchas veces.

La más destacada de estas historias es la crisis financiera europea, de la que se habla en todo el mundo. La evaluación provisoria de la OCDE la denomina «el riesgo más importante para la economía mundial». Eso puede parecer improbable: ¿por qué debería ser tan importante la crisis europea para el resto del mundo?

Parte del motivo, por supuesto, es el avance del comercio y de los mercados financieros internacionales. Pero las conexiones entre países no ocurren solo a través del impacto directo de los precios de mercado. La interacción de la psicología del público probablemente también cumpla un papel.

Esto nos lleva a la importancia de las historias: y muy lejos del tipo de análisis estadístico expuesto por Stock y Watson. Los psicólogos han enfatizado que el pensamiento humano tiene una base narrativa: la gente recuerda las historias –y es motivada por ellas–, en especial las historias de interés humano sobre personas reales. Las historias populares tienden a adoptar dimensiones morales y llevan a la gente a imaginar que los resultados negativos reflejan algún tipo de pérdida de resolución moral.

La crisis europea comenzó con una historia del colapso griego y parece que la economía mundial en su conjunto se ve amenazada por los eventos ocurridos en un país con 11 millones de personas. Pero la importancia económica de las historias no guarda relación cercana con su valor monetario (que solo puede medirse ex post, si puede medirse en absoluto). Depende, por el contrario, de su valor como historia.

La historia de la crisis griega comenzó en 2008 con informes de protestas y huelgas extendidas cuando el gobierno propuso elevar la edad jubilatoria para solucionar un déficit en el sistema de pensiones. Los informes comenzaron a aparecer en los medios de difusión globales transmitiendo un excesivo sentido de legitimidad: los griegos tomando las calles en protesta, incluso cuando el aumento era modesto (por ejemplo las mujeres con niños o en empleos peligrosos podrían jubilarse con beneficios completos a los 55 años en vez de a los 50).

Esa historia puede haber impulsado algunos comentarios fuera de Grecia, pero su influencia sobre la atención internacional fue escasa hasta fines de 2009, cuando el mercado de la deuda griega comenzó a enrarecerse cada vez más y las tasas de interés en aumento causaron problemas adicionales al gobierno. Esto aumentó los informes sobre el despilfarro griego y cerró un circuito de retroalimentación negativa al atraer cada vez más el interés del público, que eventualmente impulsó crisis en otros países europeos. Como un video de YouTube, la historia griega se tornó viral.

Podríamos objetar que la mayoría de las personas fuera de Europa seguramente no seguían la crisis europea de cerca, y que los más desinformados ni siquiera habían oído de ella. Pero los líderes de opinión, y los amigos y parientes de los más desinformados en todo el mundo sí la siguieron, y su influencia puede crear una atmósfera que reduce la propensión al gasto de toda la población.

La historia griega parece estar conectada en la mente de muchas personas con las historias de burbujas, inmobiliarias y en los mercados de valores, que precedieron a la crisis actual en 2007. Las burbujas de activos se expandieron gracias a las laxas normas sobre el crédito y a una excesiva inclinación al endeudamiento, que se asemejaba a la decisión del gobierno griego de endeudarse para pagar generosas pensiones. Así, la gente vio la crisis griega no solo como una metáfora, sino como una moraleja. La consecuencia natural fue el apoyo a programas de austeridad gubernamental, que solo pueden empeorar la situación.

La historia europea ahora nos acompaña, en todo el mundo, tan vívida que, aún cuando parece que la crisis del euro ha sido resuelta en forma satisfactoria, no será olvidada hasta que una nueva historia capte la atención del público. Entonces, como ahora, no seremos capaces de entender completamente las perspectivas económicas mundiales sin tener en cuenta las historias que viven en la mente de la gente.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.