Wednesday, August 20, 2014
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El veto de Hamás

CIUDAD DE GAZA – La reanudación de las conversaciones de paz directas entre palestinos e israelíes ha puesto fin a 20 meses de parálisis y marcaron la entrada del Primer Ministro Benjamín Netanyahu a esta ronda diplomática. Sin embargo, estas difíciles conversaciones se enfrentan a importantes retos externos a la mesa de negociación, especialmente de Hamás, que está decidida a asegurarse de que no ocurra nada sin su aprobación.

Hamás se rehúsa a participar en cualquier negociación directa de paz con Israel y ha prometido hacer fracasar por medio de la violencia las conversaciones actuales. Su primer golpe ocurrió justo antes del inicio de las mismas, cuando las Brigadas al-Qassam, el ala militar de Hamás, emboscó a colonos israelíes en Hebrón, matando a cuatro personas.

Hamás ha amenazado con seguir atacando desde Cisjordania, pero no desde Gaza, en línea con las frecuentes declaraciones de sus líderes desde la guerra de Gaza de 2008 de que no desean provocar otro ataque israelí que pudiera costarles su posición de gobierno.

Israel no reconoce distinción alguna entre los ataques planeados por Hamás desde Cisjordania y los procedentes de Gaza. Sin embargo, un asalto israelí de gran escala sobre la Gaza de Hamás en respuesta a las muertes en Cisjordania podría detener las negociaciones.

La estrategia de Hamás es poner al descubierto la debilidad de la Autoridad Palestina, demostrando que no puede controlar Cisjordania, como promete en las negociaciones. Más aún, Hamás sabe muy bien que sus ataques hacen que Israel insista con incluso mayor énfasis en la seguridad como piedra angular de cualquier acuerdo. Esto, a su vez, centra la atención entre la actual cooperación sobre seguridad entre Israel, la AP y Estados Unidos, lo que contribuye nuevamente a socavar la afirmación de que la AP representa al pueblo palestino.

Si ponemos la retórica a un lado, la oposición de Hamás a las conversaciones directas con Israel apunta a dejar en claro a Estados Unidos que Hamás es un elemento central de la realidad política de la región y que no se puede pasar por alto. Si no es parte del proceso, entonces que no haya proceso.

Hamás insiste en que el Presidente palestino Mahmoud Abbas carece de la legitimidad para negociar en nombre de los palestinos y que los acuerdos que alcance con Israel no son vinculantes. Afirma ser la organización que realmente representa a los palestinos, tras haber ganado la mayoría de las bancas del Consejo Legislativo Palestino (CLP) en enero de 2006 (el periodo del CLP terminó en enero de 2010, pero las nuevas elecciones aún están por realizarse).

Como Hamás bien sabe, EE.UU. tiene la llave para poner fin al aislamiento político que se le impuso tras su victoria en 2006. De hecho. los líderes de Hamás reconocieron últimamente haber enviado mensajes a la administración Obama en los que llamaban al diálogo.

La nota más reciente, enviada a través de un grupo de académicos estadounidenses visitantes, pidió al gobierno de EE.UU. que adoptase una posición más equilibrada en el conflicto árabe-israelí. Hamás, por su parte, ha expresado su disposición a aceptar un estado palestino en Cisjordania y Gaza, sujeto al regreso de todos los refugiados y la liberación de todos los prisioneros en poder de Israel. No obstante, no ha dado lo que Estados Unidos considera un paso esencial: reconocer a Israel y, con ello, aceptar una solución de dos estados.

Por ahora, Hamás y los palestinos de Gaza están excluidos de las conversaciones de paz, lo que significa que lo más probable es que las negociaciones no conduzcan a un fin del conflicto árabe-israelí. Sin embargo, cada día que se deje a los habitantes de Gaza vivir en una tóxica combinación de asedio, pobreza y paro es un día que fortalece a quienes en Hamás abogan por una línea dura.

Estados Unidos ha invertido mucho en su diplomacia de llevar a Netanyahu y Abbas a la mesa de negociaciones como para permitir que estas conversaciones colapsen, pero la continuidad de su boicot a Hamás refuerza la lógica de quienes intentan sabotearlas. ¿Qué tienen que perder?

En consecuencia, el futuro de estas conversaciones directas depende no sólo de Netanyahu y Abbas, sino de cómo se relacionen con los extremistas de sus respectivos bandos. ¿Abandonará Netanyahu su retórica ideológica, negociando en serio con los palestinos y haciendo las concesiones necesarias? ¿Pueden los palestinos ponerse a la altura del momento político y aprovechar la presión que procede del Presidente Barack Obama?

Hay mucho en juego y el fracaso sería costoso para estadounidenses, israelíes y palestino. Si las conversaciones colapsan, la política exterior de EE.UU. en Oriente Próximo se verá aun más desacreditada, y nada impediría que se inicie otra ronda de conflictos.

Para los palestinos, se trata probablemente de la última oportunidad de Abbas. Está comprometiendo en las negociaciones toda la escasa autoridad que le resta y, de fracasar, los palestinos comenzarán a contar los días que le quedan en el gobierno. Para Netanyahu, puede que mantener el statu quo sea visto como una victoria, al menos en el corto plazo. Pero el margen de Israel para cometer errores estratégicos se reducirá todavía más.

Mientras tanto, Hamás juega a ganar tiempo. El fracaso de las conversaciones palestino-israelíes no haría más que demostrar su punto básico: nada avanza sin nosotros.

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