Thursday, October 30, 2014
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Los franceses no parecen comprenderlo

CAMBRIDGE - El Gobierno francés no parece entender las implicaciones reales del euro, la moneda única que Francia comparte con otros 16 países de la Unión Europea.

Los funcionarios franceses han reaccionado ahora a la perspectiva de una rebaja de la calificación de crédito arremetiendo contra Gran Bretaña. El jefe del banco central, Christian Noyer, ha argumentado que las agencias de calificación deberían comenzar por degradar a Gran Bretaña. El ministro de Hacienda, Francois Baroin, declaró hace poco que, "En términos económicos, mejor ser francés que británico en la actualidad". Incluso el primer ministro francés, Francois Fillar, señaló que Gran Bretaña tenía una deuda más elevada y un mayor déficit que Francia.

Al parecer los funcionarios franceses no reconocen la importancia del hecho de que Gran Bretaña esté fuera de la eurozona, y por lo tanto tenga su propia moneda, lo que significa que no hay riesgo de que no pague su deuda. Cuando venzan los intereses y el principal de la deuda del gobierno británico, siempre puede imprimir libras adicionales para cumplir con esas obligaciones. Por el contrario, el gobierno francés y el Banco de Francia no pueden crear euros.

Si los inversionistas no están dispuestos a financiar el déficit presupuestario francés -es decir, si Francia no puede pedir prestado para financiar el déficit- el país se verá obligado al impago. Por eso el mercado trata a los bonos franceses como de mayor riesgo y exige una mayor tasa de interés, a pesar de que el déficit presupuestario de Francia es el 5,8% de su PIB, mientras que el de Gran Bretaña es de 8,8% del PIB.

Hay una segunda razón que explica por qué la situación británica es menos riesgosa que la de Francia. Gran Bretaña puede reducir su déficit en cuenta corriente haciendo que la libra esterlina se debilite frente al dólar y el euro, lo que los franceses, de nuevo, no pueden hacer con su moneda. De hecho, eso es precisamente lo que Gran Bretaña ha estado haciendo con su política monetaria: ir bajando a niveles más competitivos los tipos de cambio de la libra esterlina con respecto al euro y el dólar.

Los déficits fiscal y de cuenta corriente de la eurozona son ahora los síntomas más evidentes del fracaso del euro. Pero la crisis del crédito en Europa, y la debilidad de los bancos de la eurozona, pueden ser incluso más importantes. Los persistentes diferenciales de desempleo dentro de la eurozona son otro reflejo de los efectos negativos de imponer una moneda y una política monetaria únicas a un grupo heterogéneo de países.

No hay dudas de que el presidente Nicolas Sarkozy y otros políticos franceses no están contentos con el hecho de que la reciente cumbre europea no hubiera podido hacer avanzar la causa de una mayor integración política de la UE. Fueron los funcionarios franceses Jean Monnet y Robert Schuman, quienes pusieron en marcha la iniciativa para la unión política europea justo después de la Segunda Guerra Mundial, con la convocatoria a los Estados Unidos de Europa. Los franceses consideraban la creación del euro como un importante símbolo de avance hacia esa meta. En la década de 1960, Jacques Delors, entonces ministro de Finanzas francés, presionó por una moneda única con un informe, "Un mercado, Una moneda", que implicaba que la acuerdo de libre comercio europeo sólo podría funcionar si sus miembros utilizaban una moneda única.

Para los franceses, lograr una unión política europea es una manera de aumentar el papel de Europa en el mundo y el papel de Francia en Europa. Sin embargo, ese objetivo parece más difícil de alcanzar ahora que antes del comienzo de la crisis europea. Al atacar a Gran Bretaña y buscar aumentar los costes de los préstamos británicos, Francia no hace más que elevar el nivel de conflicto con Gran Bretaña, al tiempo que crea más tensiones dentro de Europa en su conjunto.

De cara al futuro, para detener la crisis financiera de la eurozona no es necesaria la unión política o un compromiso de apoyo financiero alemán. Depende de que los distintos países de la zona del euro -especialmente Italia, España y Francia-  hagan cambios en su gasto interno y sistemas tributarios que convenzan a los inversores financieros globales de que están avanzando hacia el superávit presupuestario y situando sus proporciones de deuda a PIB en un camino descendente.

Francia debería centrar su atención en sus problemas fiscales internos y la difícil situación de sus bancos comerciales, en lugar de arremeter contra Gran Bretaña o apelar a cambios políticos que no se van a producir.

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