Saturday, November 1, 2014
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Los imperativo económicos de la Primavera Árabe

WASHINGTON, DC / ESTAMBUL - Ha pasado casi un año desde que la revolución en Túnez y las protestas en la Plaza Tahrir de El Cairo derrocaran regímenes autoritarios anquilosados y dieran pie a una tormenta mucho más amplia -y todavía furiosa- en el mundo árabe. Nadie puede predecir con seguridad a dónde conducirán con el tiempo estos acontecimientos a los pueblos y naciones árabes. Pero algo sabemos a ciencia cierta: no hay vuelta atrás. Están surgiendo nuevos movimientos y estructuras sociales y políticas, el poder está cambiando y se espera que los procesos democráticos se fortalezcan y difundan en todo el mundo árabe en 2012.

Lo ocurrido en el mundo árabe en 2011 recuerda otras transiciones regionales de largo alcance, como la de Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín en 1989. Hay diferencias, por supuesto, pero la naturaleza contagiosa de los levantamientos es muy similar a la de las revoluciones que llevaron a su fin el comunismo en Europa. Así también es el debate sobre las contribuciones relativas de los factores políticos y económicos a la erupción final de protestas populares.

Si bien el anhelo de dignidad, libertad de expresión y participación democrática real fue la fuerza conductora subyacente de las revoluciones árabes, el descontento económico desempeñó un papel vital y los factores económicos ayudarán a determinar cómo se desarrolla la transición en el mundo árabe. Merece la pena tener en mente tres retos fundamentales y de largo plazo.

En primer lugar, el crecimiento tendrá que ser mucho más inclusivo, especialmente en términos de creación de empleo. La proporción de jóvenes con empleo era alrededor del 27% en los países árabes en 2008, frente al 53% en Asia oriental. Más aún, se ha ampliado la desigualdad de la distribución del ingreso y el fenómeno global del aumento de la concentración de la riqueza en los niveles superiores es muy pronunciada en varios países árabes. Los ingresos más altos en estos países han sido en gran parte resultado del clientelismo político, en lugar de la innovación y el trabajo duro. Si bien Túnez es un caso extremo de un régimen de promoción de los intereses económicos en una pequeña camarilla, el patrón estaba generalizado.

Por ello, la receta refleja y simplista del "Consenso de Washington" de un aumento de la liberalización y la privatización no es apropiada para el mundo árabe en 2012. Existe una clara necesidad política de una estrategia de crecimiento en que la inclusión sea el eje central, no una idea de último momento.

Ni la vieja izquierda estatista ni la derecha capitalista de camarillas a la caza de rentas contaron con políticas para responder al anhelo de inclusión. Nuevas fuerzas políticas en el mundo árabe, social-demócratas o inspiradas en el Islam, tendrán que proponer políticas que no sólo perpetúen el capitalismo salvaje o la dependencia en una burocracia estatal desacreditada. Será necesario aprovechar el dinamismo y el potencial empresarial de las bases para alcanzar la equidad y la solidaridad social.

Al tiempo que se debe desatar un sector privado verdaderamente competitivo, el Estado no se puede debilitar sino transformar, para ponerlo al servicio de los ciudadanos. Los antiguos subsidios, en gran parte no focalizados, deberán ser reemplazados por transferencias sociales generosas, pero focalizadas y orientadas al rendimiento, condicionadas a la participación en programas básicos de salud y educación. Las obras públicas tendrán que centrarse en el acceso a gran escala a la vivienda e infraestructura orientadas a las personas. Todo esto tiene que lograrse en un marco presupuestario sostenible, que requiera tanto de fondos como de amplias reformas administrativas.

Acompañando el crecimiento inclusivo, el segundo reto es el desarrollo de habilidades, para el que un sistema educativo orientado al desempeño debe ser una prioridad. Muchos países árabes han destinado enormes sumas a la educación; el problema es que el rendimiento de estas inversiones ha sido desalentador. Por ejemplo, los estudiantes árabes alcanzan resultados muy por debajo del promedio en las pruebas internacionales de matemáticas y  ciencias. Es necesario emprender reformas profundas -centradas en la calidad y el rendimiento, en lugar de la cantidad de matriculados y los diplomas- para transformar el proceso de aprendizaje y sentar las bases para el aumento de la productividad que requiere una fuerza de trabajo joven.

El tercer reto, fundamental para el cumplimiento de los dos primeros, será el fortalecimiento de la solidaridad regional árabe. Muchos extranjeros subestiman o minimizan deliberadamente la "arabidad" del mundo árabe. Sin embargo, las revoluciones de 2011 demostraron que un fuerte sentido de identidad, un idioma común y mucha historia compartida unen a los árabes a pesar de las enormes diferencias de recursos naturales, circunstancias políticas y promedio de ingresos per cápita. ¿De qué otra manera se puede explicar que un acto de rebelión en Túnez diera pie a una ola de  revueltas populares desde el Norte de África a la Península Arábiga?

Una consecuencia de esto es que los estados y los gobernantes de países ricos en petróleo no pueden esperar permanecer aislados y al margen de los acontecimientos. El futuro de la región es también su futuro; la transición que se inició en 2011 desató fuerzas que no se pueden detener. Sin embargo, la transición puede ser más ordenada, más pacífica y menos perjudicial si los estados que poseen enormes recursos y riquezas apoyan con generosidad a los países más pobres y respaldan las reformas que todos los países árabes necesitan. Las instituciones existentes con un historial probado, como el Fondo Árabe, pueden ser de ayuda, pero se hace urgente ampliar sus fondos de forma importante.

La prosperidad y la paz en la región dependerán de la capacidad de pensar en grande y actuar con rapidez. Las revoluciones de 2011 son una oportunidad histórica para todos los árabes. Para aprovecharlas al máximo se requieren realismo, coraje, voluntad de cambio y disposición para apoyarlo, sobre todo entre aquellos que cuentan con los mejores medios para hacerlo.

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