Saturday, November 1, 2014
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Los peligros del desarme nuclear

MOSCÚ – Rusia y los Estados Unidos han firmado un nuevo tratado de reducción de armas nucleares estratégicas (START). Oficialmente, en virtud del tratado reducirán su armamento en un tercio; de hecho, cada parte únicamente desmantelará unas docenas.

No obstante, el tratado es un logro considerable. Con ese instrumento se normalizan las relaciones políticas entre los dos países, y de ese modo se facilitan la cooperación y los acercamientos futuros.

El retorno de las armas nucleares estratégicas al centro de la política mundial aumenta el peso político de Rusia y pone de relieve el área en el que el país todavía puede imponerse como superpotencia. También da un impulso político a Barack Obama, a quien se considera el presidente estadounidense más constructivo y progresista en décadas y posiblemente en los años por venir.

Después de la firma del tratado, los Estados Unidos organizaron una cumbre sobre la no proliferación nuclear, un evento muy importante para la administración Obama, que ha hecho de la lucha contra la proliferación nuclear su política distintiva. Los escasos acuerdos alcanzados en la cumbre, si bien son bienvenidos, no son tan significativos como la impresión que la cumbre dejó de que los líderes mundiales están dispuestos a trabajar juntos para afrontar la proliferación nuclear.

Sin embargo, los debates sobre el papel de las armas nucleares en el mundo moderno y en el futuro apenas empiezan. El sistema mundial en el que se basaron las discusiones sobre las armas nucleares en el pasado es casi irreconocible, lo que pone en duda la pertinencia de la mentalidad y los conceptos heredados de ese sistema.

El meollo de la cuestión es el siguiente: es obvio que las armas nucleares son inmorales. Una bomba atómica es millones de veces más inmoral que una lanza o una espada, cientos de miles de veces más inmoral que un rifle, miles de veces más inmoral que una ametralladora y cientos de veces más inmoral que los sistemas Salvo o las bombas de racimo.

No obstante, las armas nucleares también tienen una distinción moral significativa: a diferencia de otras armas, son un medio eficaz para prevenir las guerras a gran escala y la destrucción masiva de personas, propiedades y culturas que han plagado a la humanidad durante toda su historia. Rechazar las armas nucleares y procurar su eliminación es sin duda un objetivo moral, al menos en lo abstracto. Sin embargo, solo es factible si la humanidad cambia.

Aparentemente, los partidarios de la eliminación de las armas nucleares creen que ese cambio es posible. Yo no. En efecto, los riesgos de un mundo sin armas nucleares –o con un número mínimo de ellas—son enormes.

La disuasión nuclear –la amenaza de matar a cientos de miles o millones de personas—es un concepto que no cabe en la moral tradicional. Con todo, ha funcionado puesto que ha prevenido guerras catastróficas y al mismo tiempo ha hecho que las personas sean más civilizadas y precavidas. Cuando uno de los polos de la disuasión nuclear se debilitó, debido al deterioro político de Rusia durante los años noventa, la OTAN, una unión defensiva de Estados democráticos y pacíficos, cometió una agresión contra Yugoslavia. Ahora que Rusia ha restablecido sus capacidades, dicha acción sería impensable. Después de Yugoslavia hubo un ataque no provocado contra Irak.

En un mundo casi perfecto, Rusia y los Estados Unidos no necesitarían grandes arsenales nucleares. No obstante, reducir las armas nucleares a un mínimo en las condiciones actuales le daría una enorme ventaja a las potencias nucleares pequeñas, cuyo potencial nuclear casi se igualaría con el de los Estados más grandes.

Además, reducir las armas nucleares a un mínimo en teoría podría incrementar la utilidad de los sistemas de defensa antimisiles y su función desestabilizadora. Incluso los sistemas de defensa antimisiles no estratégicos, cuyo despliegue podría ser de útil, será cuestionado.

Si los arsenales de armas nucleares tácticas se reducen, como han propuesto algunos expertos estadounidenses, europeos y rusos, los opositores al actual proceso de reforma militar de Rusia tendrán aún más razones para objetar la reconfiguración de las fuerzas convencionales del país de modo que se alejen de la confrontación con la OTAN y se centren en una capacidad de respuesta flexible respecto de otras amenazas.

De modo similar, si los Estados Unidos retiran de Europa sus armas nucleares tácticas en gran parte nominales, la alianza estratégica entre los Estados Unidos y Europa se debilitaría. Muchos europeos, sobre todo en los nuevos Estados miembros de la OTAN, entonces exigirían más protección del mítico Leviatán ruso.

La comunidad mundial parece estar perdiendo sus referencias estratégicas. En lugar de enfocarse en el problema real, a saber, el orden internacional cada vez más inestable, está tratando de aplicar los conceptos de desarme de la era de la Guerra Fría. En el mejor escenario, son marginalmente útiles; a menudo, son dañinos en las circunstancias actuales.

Lo que más se necesita actualmente es un pensamiento claro sobre cómo convivir con un club en expansión de Estados nucleares y mantener al mismo tiempo un mundo relativamente estable. Con este objetivo las dos grandes potencias nucleares necesitan una política de disuasión coordinada hacia los nuevos Estados nucleares. Simultáneamente, deben ofrecer garantías a los Estados no nucleares que puedan sentirse inseguros. En primer lugar, es necesario llenar el creciente vacío de seguridad en el Medio Oriente. China, el actor estratégico mundial en ascenso, podría unirse a esta política, aunque actualmente está en tercer lugar en términos de poder militar.

Las pláticas sobre el control de armamentos se necesitan principalmente para hacer que los arsenales nacionales sean más transparentes y para crear confianza entre las grandes potencias. Esa es toda su utilidad.

Así pues, en lugar de imitar los tratados de la era de la Guerra Fría, es necesario iniciar una discusión internacional sobre el papel de la fuerza militar y las armas nucleares en el mundo acorde con su evolución actual. Podríamos entonces llegar a admitir que la eliminación de las armas nucleares no sólo es un mito, sino un mito perjudicial, y que las armas nucleares son un elemento útil que ha salvado a la humanidad de sí misma y podría seguir haciéndolo.

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