Tuesday, September 30, 2014
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Para evitar caer en el precipicio del Euro

ATENAS – Las renovadas turbulencias en el mercado de bonos de la eurozona subrayan la necesidad de reevaluar las políticas que hoy se aplican para superar la crisis de la deuda soberana de Europa. De hecho, los recientes resultados electorales en Francia y Grecia, que reflejan un ánimo anti-austeridad mucho más extendido, dejan pocas opciones a las autoridades europeas.

La Unión Europea, el Banco Central Europeo y los acreedores del sector privado han gastado más de € 1 billón en los últimos dos años, pero la eurozona no está hoy en mejor situación que en el otoño de 2009, cuando se reveló la verdadera dimensión del problema fiscal de Grecia. Mientras tanto, en la eurozona se profundiza la recesión y el desempleo va en aumento.

Más aún, el escepticismo sobre la determinación y/o la competencia de las autoridades y las principales potencias de la eurozona para asegurar la viabilidad de la moneda común está elevando el riesgo sistémico. Por ejemplo, el Banco Europeo de Inversiones ahora añade una cláusula en dracmas en sus contratos de préstamos a empresas griegas.

Las preocupaciones expresadas recientemente por el Bundesbank sobre la acumulación de los llamados balances Target 2 transmiten el mismo mensaje. En caso de una ruptura de la eurozona, estos balances causarían pérdidas al eurosistema y a los bancos centrales de los estados miembros. De hecho, muchos bancos centrales de la eurozona han reducido sus niveles de reservas en euros, intentando diversificar en monedas no tradicionales.

Sigue siendo objeto de debate lo que causó la crisis de la deuda y cómo resolverla. Lo que está claro es que un factor clave ha sido la persistencia de grandes desequilibrios dentro de la eurozona -déficits de cuenta corriente en la periferia que se reflejan, como en un espejo, en excedentes en el núcleo- causados principalmente por diferencias de productividad y competitividad. El exceso de ahorro se ha transferido del núcleo a la periferia, creando las condiciones para un alto endeudamiento.

El aumento de la deuda ha dejado al descubierto debilidades fundamentales en la constitución económica de la eurozona: las deudas nacionales son responsabilidad de los países miembros, pero nadie es soberano de la moneda común. A diferencia de la mayoría de los bancos centrales, el BCE no puede actuar como acreedor de último recurso, lo que, junto con la ausencia de bonos comunes (eurobonos), indujo a una especulación a gran escala contra las deudas nacionales intraeuropeas .

Para solucionar la crisis es inevitable actuar en ambos frentes. Será necesario enfrentar las causas de los persistentes desequilibrios mediante un esfuerzo combinado de consolidación fiscal y fortalecimiento de la competitividad, con reformas estructurales que apunten a liberalizar los mercados y fomentar la flexibilidad salarial.

Al mismo tiempo, se debe dotar a la eurozona de los instrumentos necesarios para restablecer la estabilidad y evitar la repetición de situaciones de crisis. Para esto es necesario, entre otros puntos, centralizar la deuda europea a través de eurobonos, movilizar suficientes fondos de rescate, permitir que el BCE ejerza toda la gama de poderes de los bancos centrales y reforzar la coordinación de políticas con el fin de sostener la actividad económica en los países miembros afectados por las medidas de austeridad.

Sin embargo, existen profundos desacuerdos sobre el contenido y el momento de la respuesta. Los países más débiles aceptan la necesidad de emprender reformas, pero piden un horizonte de tiempo más largo para la reducción del déficit fiscal con el fin de alentar un retorno al crecimiento. También exigen una implementación más rápida de los cambios necesarios en la gobernanza económica de la eurozona para crear un entorno más estable y acogedor para la consolidación y la reforma fiscal.

La  prolongada recesión, marcada por costos de endeudamiento altos (o prohibitivos), dificulta cada vez más el logro de los objetivos fiscales o de las reformas. La carga del ajuste no puede recaer exclusivamente en los países deficitarios (a menos, claro está, que haya presente también un elemento moral de "castigo").

Los países del núcleo, encabezados por Alemania, desconfían de la determinación de los países más endeudados de proseguir con las reformas si sus condiciones de financiación se relajan. Por otra parte, se oponen a cambios clave en la gobernanza económica de la eurozona.

Podrían contemplar la emisión de eurobonos sólo después de la finalización de verdaderos ajustes económicos y fiscales. Rechazan el uso del crédito del BCE como un sustituto para el ajuste, ya que terminaría por generar presiones inflacionarias. Y ponen en entredicho la sostenibilidad de la unificación económica y fiscal -que permite transferencias a los países más débiles- si no hay una unificación política que implique pérdidas de soberanía.

Si la situación de inmovilidad persiste, la crisis de la deuda pronto alcanzará nuevas cimas. La persistencia de la recesión y los recurrentes ataques especulativos en los mercados de bonos evitarán que al menos algunos países sobreendeudados puedan alcanzar sus objetivos de ajuste, lo que creará las condiciones para crisis políticas dentro de la eurozona y países específicos. No se podrá aplazar indefinidamente la toma de decisiones estratégicas sobre el futuro del euro.

Se ha argumentado que, en tales circunstancias, la voluntad política surge deus ex machina y el entuerto se arregla, pero es preferible evitar llegar a esa etapa.

A medida que la crisis se desarrolla, pueden ocurrir accidentes que a las autoridades les resulten difíciles de controlar. Más aún, en algunas partes de Europa la supervivencia del euro se ve como un proceso en que es necesario sacrificar a algunos miembros, limitándolo a países con estructuras y resultados económicos convergentes a pesar de la enorme confusión económica y social o el duro golpe a la influencia global de Europa que ello desataría.

Teniendo en cuenta el actual equilibrio de fuerzas políticas de Europa, y considerando su larga tradición de salir del paso, los siguientes serían los requisitos mínimos para mantenernos alejados del precipicio:

Ÿ  El compromiso de emitir eurobonos en una fecha determinada del futuro cercano, así como poner en marcha el proceso legal para hacerlo, lo que significaría un descenso de los costos de financiamiento para los países más endeudados y apoyo a su actividad económica.

Ÿ  Implementación de una iniciativa similar al Plan Marshall para financiar la inversión en los países más débiles. Los efectos recesivos de la austeridad se podrían contrarrestar mediante la movilización de los recursos presupuestarios de la UE y el aumento significativo de la capacidad de préstamo del BEI

Ÿ  Aflojar los objetivos de reducción del déficit de los países particularmente afectados por la recesión y, al mismo tiempo, relajar la política monetaria tanto como lo permitan las normas existentes. Una mayor inflación en Alemania es parte del proceso de ajuste.

Cada vez más voces de la opinión pública europea y el mundo apuntan a un mayor énfasis sobre políticas orientadas al crecimiento. La resistencia será fuerte y el tiempo se está acabando. Los próximos meses serán críticos para el futuro de la eurozona.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

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