BERKELEY – El 1 de enero, Corea del Sur asumirá la presidencia del G-20, de manos del Reino Unido. No se trata del primer mercado emergente en presidir el G-20, pero sí del primero en hacerlo desde la crisis financiera global, y desde que esta instancia surgiera como el comité de iniciativas de la economía mundial.
Quienes están a cargo de presidir el G-20 tienen considerable influencia. Coordinan el trabajo del grupo, organizan sus reuniones y, como la mayoría de las presidencias de comités, tienen un importante poder de definición del temario que se ha de tratar.
Durante el año en que el Reino Unido presidió el G-20, Gordon Brown no tuvo dudas sobre los temas que quería abordar. Vio el G-20 como un vehículo para desarrollar consensos en torno al estímulo monetario y fiscal y la regulación financiera. También lo vio como un foro para abordar los problemas que los países más pobres debieron afrontar por la crisis financiera global. Y usó la presidencia para generar compromisos que permitieran resistir las tendencias proteccionistas.
En retrospectiva, Gordon la tuvo fácil: considerando la naturaleza y gravedad de la crisis, era muy obvio cuáles debían ser las prioridades del G-20.
Las prioridades para el Presidente Lee Myung-bak son menos obvias. Algunos dicen que deberíamos hacer que los países del G-20 coordinen una salida ordenada de sus políticas monetarias y fiscales expansionistas. Sin embargo, es casi seguro que el crecimiento seguirá siendo débil en 2010 para las economías avanzadas. Con los Estados Unidos, el Reino Unido y Japón todavía sufriendo la resaca de la crisis, este problema se puede dejar en manos del país que presida el G-20 en 2011.
Otros dicen que una prioridad debe ser un acuerdo para reducir el ritmo del cambio climático, pero el mejor espacio para abordar esto es Copenhague, en presencia de todos los líderes mundiales, no en los cómodos salones del G-20. Los países pequeños (piénsese en Mauricio) son a menudo los que se ven más afectados por el calentamiento global y no forman parte del G-20, compuesto sólo por las 20 mayores economías del mundo.
En lugar de ello, el Presidente Lee debería dar prioridad a cuatro temas, comenzando con la reforma financiera, problema que Brown abordó pero no solucionó. Los avances han sido insuficientes, a pesar de todo lo que se ha hablado al respecto. En particular, ha habido poca acción en temas como la creación de una autoridad resolutiva internacional para enfrentar la quiebra de grandes grupos financieros, algo que sólo puede hacerse en ese nivel.
Se está cerrando la ventana de oportunidad para la reforma financiera, y seguir haciendo negocios como siempre no hará más que generar más crisis y rescates financieros. Por tanto, Corea del Sur debe hacer todo lo que pueda para reforzar el debate.
La segunda prioridad debe ser más avances en el reajuste global. Los países asiáticos tienen que esforzarse todavía más por estimular el gasto, y deben hacerlo juntos. China no es capaz de solucionar este problema por si misma, porque su economía todavía es un tercio de la de Estados Unidos. Sin embargo, si los países asiáticos se mueven en conjunto, China estará más dispuesta a dejar que su tipo de cambio frente al dólar salga de la inmovilidad. El segundo factor que contribuyó a la crisis se podría afrontar entonces de una vez por todas.
En tercer lugar, el G-20 debe abordar su propio déficit de legitimidad. Después de todo, nadie designó a estos 20 países como representantes del mundo. ¿Quién habla a nombre de los otros 173 países reconocidos internacionalmente? ¿Por qué debe haber tantos miembros europeos del G-20, más allá del hecho de que eran miembros de los "G" anteriores, y no más miembros africanos?
Aquí, Corea del Sur puede proponer una solución obvia: alinear la calidad de miembro del G-20 con la composición de la Junta Ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, de la que forman parte 24 países. Los grandes tienen sus propios cupos, mientras los pequeños representan a grupos de países, conocidos como “constituencies”. En muchos casos, la presidencia de estos grupos es rotativa. Todos están representados.
Finalmente, el G-20 necesita espacios de reunión para mercados emergentes. Estados Unidos y los europeos están en contacto permanente, haciendo todo lo posible por acordar sus posturas y poner sobre la mesa propuestas en común. Puesto que no hacen lo mismo, los mercados emergentes no han hecho sentir todo su peso y han permitido que los países avanzados del G-20 dirijan el proceso.
Este es el asunto más delicado de todos para Corea del Sur. En su calidad de país que preside el grupo, debe actuar como un "intermediario fiable". No puede vérselo alentando de manera especial a los mercados emergentes. Y, dada su ubicación, podría verse en el dilema de alentar un espacio para los mercados emergentes o uno para los países asiáticos, ya que Asia también necesita organizarse mejor para representar sus intereses en el G-20.
Por ello, tal vez sea mejor que esta iniciativa provenga de otro país del G-20, como Brasil, Sudáfrica, o incluso Rusia. Sin embargo, no estaría de más que Corea del Sur diera el pie para iniciar el proceso.


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