BEIJING – El tipo de cambio del renminbi una vez más se ha convertido en blanco del Congreso norteamericano. Pegarle a China, parece ser, se ha vuelto a poner de moda en Estados Unidos.
Sin embargo, esta ronda de ataque a China parece más extraña que la última. Cuando el Congreso presionó a China para que implementara una revaluación importante de la moneda en 2004-2005, el excedente de cuenta corriente de China aumentaba a un ritmo acelerado. Esta vez, el excedente de cuenta corriente de China se ha venido achicando significativamente, debido a la recesión global causada por el colapso de la burbuja financiera de Estados Unidos. El excedente anual total de China (sin contar a Hong Kong) hoy asciende a 200.000 millones de dólares, aproximadamente una tercera parte menos que en 2008. En términos de PBI, cayó incluso más, porque el PBI creció 8,7% en 2008.
En aquel momento, ajustar el renminbi al dólar hizo bajar el tipo de cambio efectivo real de China, porque el dólar estaba perdiendo valor contra otras monedas, como el euro, la libra esterlina y el yen. Pero esta vez, con un dólar que se viene apreciando frente a otras monedas importantes en los últimos meses, el tipo relativamente fijo entre el dólar y el renminbi hizo que la moneda de China se fortaleciera en términos de su tipo efectivo real.
Por supuesto, hoy en día existen otros motivos de fricción que no parecían una presión hace cinco años. El déficit interno y externo de Estados Unidos siguen siendo importantes, y la tasa de desempleo del país es alta y está en aumento. Alguien necesita asumir la responsabilidad y, dado que los políticos estadounidenses no quieren culparse a sí mismos, el mejor chivo expiatorio al alcance de la mano es el tipo de cambio de China, que no se ha apreciado contra el dólar estadounidense en los últimos 18 meses.
Ahora bien, ¿una revaluación del renminbi solucionaría los problemas de Estados Unidos? La evidencia reciente sugiere que no. Entre julio de 2005 y septiembre de 2008 (antes de la quiebra de Lehmann Brothers), el renminbi se apreció 22% contra el dólar, Sin embargo, la realidad es que el déficit de cuenta corriente trimestral de Estados Unidos aumentó –de 195.000 millones de dólares a 205.000 millones de dólares.
La mayoría de los economistas coinciden en que el renminbi probablemente esté subvaluado. Pero el alcance de la desalineación sigue siendo una incógnita. El economista Menzie Chinn, mediante el uso de tipos de cambio PPP (paridad del poder adquisitivo), considera que la subvaluación del renminbi es del 40%. Pero, después de que el Banco Mundial revisó hacia abajo en un 40% el PBI de China en términos de PPP, esa subvaluación desapareció. Nick Lardy y Morris Goldstein sugieren que el renminbi quizás estuviera subvaluado en apenas el 12-16% a fines de 2008. Y Yang Yao de la Universidad de Beijing considera que la desalineación es inferior al 10%.
Pero supongamos que China revalúa su moneda marcadamente, digamos un 40%. Si el ajuste se produjera de manera abrupta, las empresas chinas sufrirían una repentina pérdida de competitividad y ya no podrían exportar. El vacío de mercado generado por la salida de los productos chinos tal vez sería ocupado rápidamente por otros países de bajo costo como Vietnam e India. Las empresas norteamericanas tampoco pueden competir con estos países. De manera que no se crearían nuevos empleos en Estados Unidos, aunque la tasa de inflación aumentaría.
Ahora supongamos que el renminbi se aprecia moderadamente, de manera que China continúa exportando a Estados Unidos a precios más altos pero con menores ganancias. Esto haría subir significativamente las tasas de inflación, obligando a la Reserva Federal de Estados Unidos a ajustar la política monetaria, con lo que, posiblemente, socavaría la recuperación del país, que sigue siendo inestable. Las dificultades que pudieran surgir en Estados Unidos y China, las dos economías más importantes del mundo, tendrían un impacto negativo en la confianza global de los inversores, lo que afectaría aún más el empleo en Estados Unidos.
En ambos escenarios, el empleo norteamericano no aumentaría y el déficit comercial no se reduciría. ¿Entonces qué? La evidencia histórica desde los años 1970 hasta los años 1980, cuando Estados Unidos presionaba sin tregua a Japón para que revaluara el yen, sugiere que los políticos estadounidenses muy probablemente exijan que el renminbi se aprecie aún más.
El tipo de cambio mide la relación entre al menos dos monedas, cuyos valores se basan en la productividad y la balanza interna de sus respectivas economías nacionales. Las causas de desalineación se pueden encontrar en ambas partes. Si el dólar estadounidense necesita devaluarse debido al desequilibrio fundamental en la economía norteamericana, los problemas no se pueden solucionar con sólo reducir el valor del dólar.
Por supuesto, el desequilibrio externo de China con Estados Unidos plantea problemas –por caso, un nivel de ahorro nacional excesivo (que representa el 51% del PBI de China) y las distorsiones en los precios de la energía y otros recursos-. Todos esos problemas contribuyen al desequilibrio, y China debería solucionarlos.
Sin embargo, deberíamos tomar conciencia de que también existen causas fundamentales para el desequilibrio del lado norteamericano, como el exceso de consumo financiado por un apalancamiento excesivo y por enormes déficits presupuestarios. Sólo cuando ambas partes hagan esfuerzos serios por reparar los elementos esenciales de sus economías los desequilibrios se reducirán de manera sólida y sostenida. Los ajustes del tipo de cambio a corto plazo lisa y llanamente no pueden revertir tendencias negativas a largo plazo.
China puede reanudar una “flotación controlada” de su tipo de cambio, particularmente si disminuye la incertidumbre sobre la situación económica post-crisis general. Al elegir hacer esto o no, sus estrategas políticos pueden sopesar factores que van desde las responsabilidades internacionales de China hasta el potencial daño del proteccionismo extranjero o incluso una “guerra comercial”. Lo que es seguro, sin embargo, es que los políticos de China tienen una agenda interna al igual que los norteamericanos. El elemento clave de esa agenda es mantener el crecimiento del empleo.
Un tercio de la fuerza laboral de China sigue estando en la agricultura, y sólo gana aproximadamente la mitad de lo que ganan los trabajadores migrantes en las ciudades chinas en apogeo. (Los ingresos per cápita de los agricultores chinos pueden subir a 770 dólares si el renminbi se aprecia un 10%, pero por supuesto esa es sólo una revisión en términos del dólar estadounidense, mientras que los agricultores chinos no percibirán ningún incremento en absoluto). Hacer que más agricultores obtengan empleos mejor pagos en el sector industrial y de servicios implicará no sólo una reducción de la pobreza, sino una menor disparidad de ingresos. En términos morales, ese objetivo es por lo menos igual de importante que cualquier otra cosa en la agenda norteamericana.


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