5

Revigorizar a los ricos para ayudar a los pobres

WASHINGTON, DC.– Por tercera vez en cinco años, los países más pobres del mundo corren el riesgo de ser golpeados por una crisis que no generaron: una eventual caída derivada de la agitación financiera en las economías más avanzadas del planeta. Luego de pasar el shock de los alimentos y combustibles de 2007-2008 y la subsiguiente crisis financiera, los países de bajos ingresos pueden verse frente a trastornos aún mayores en 2012. Y, dada la interdependencia del mundo globalizado actual, las dificultades de los países pobres inevitablemente tendrán consecuencias indeseadas para todos, ricos y pobres indistintamente.

En el punto más álgido de la crisis global de 2009, muchos países de bajos ingresos experimentaron una desaceleración del crecimiento marcada por caídas en las exportaciones, menores remesas por parte de sus trabajadores expatriados, y disminuciones en la inversión extranjera. Las consecuencias sociales fueron graves: el Banco Mundial estima que 64 millones de personas fueron dejadas en la extrema pobreza a finales de 2010.

Sin embargo, pudo ser mucho peor. Gracias a los resultados considerablemente mejores de las políticas implementadas durante la década previa, los países de bajos ingresos llegaron a la crisis en una situación mucho más apta que en el pasado para resistir los shocks. Tenían menores déficits fiscales y de cuenta corriente, menos inflación, reservas internacionales más abultadas y –en parte gracias a los planes de alivio de la deuda– menor carga por endeudamiento.

Como resultado, la mayoría de los países pudieron mantener o incluso aumentar el gasto a pesar de las reducciones en sus ingresos, y permitir que los déficits fiscales se ampliaran. Esto sostuvo el crecimiento económico al tiempo que impulsaba los desembolsos para los programas sociales y de inversión críticos necesarios para atenuar las dificultades que enfrentaban las personas más pobres. El empeoramiento fue de duración relativamente corta, en parte como resultado de la mayor apertura al comercio mundial que adoptaron los países de menores ingresos durante la década pasada.

Pero estos países aún son muy vulnerables. Muchos no han tenido tiempo suficiente para reconstruir los amortiguadores de políticas que tan bien funcionaron. Cuentan con menos municiones en sus arsenales fiscales, sus déficits de cuenta corriente han aumentado, han perdido reservas y los niveles de deuda se incrementaron significativamente en algunos países. Por otra parte, con las economías avanzadas frente a presiones presupuestarias, la ayuda extranjera puede verse seriamente limitada durante algún tiempo. Ante esas circunstancias, no hay ningún tipo de certeza para los países de bajos ingresos respecto de su acceso a financiamiento adicional en condiciones favorables.

Como resultado, una nueva caída mundial los golpearía duramente. Las simulaciones realizadas por el Fondo Monetario Internacional sugieren que una disminución en el crecimiento mundial de 1,5 puntos porcentuales podría, debido a su impacto sobre el comercio y los flujos financieros, generar una brecha de 27 mil millones de dólares en financiamiento externo adicional tan solo en 2012. Eso también empujaría a 23 millones de personas más –la mayoría en el África subsahariana y Asia– a la pobreza.

¿Qué pueden hacer los países para ayudarse a sí mismos? El alcance del estímulo fiscal es más limitado que en 2009, pero los países con suficiente margen de maniobra fiscal y financiamiento disponible deberían mantener sus niveles de gasto y preservar los programas sociales y de infraestructura críticos. Los países con inflación moderada podrían ser más enérgicos en sus políticas monetarias y de tipos de cambio.

Una prioridad clave para 2012 y los años siguientes será construir una mayor capacidad de recuperación de los shocks. Los países de bajos ingresos deberían estimular las bases de ingresos para reducir su dependencia del financiamiento externo, al tiempo que mejoran la eficiencia del gasto. Especialmente, mejorar el alcance y la selección de beneficiarios de las redes de seguridad social ayudará notablemente a proteger a los más pobres en caso de desaceleraciones globales aún mayores. Muchos países, incluidos Armenia, Burkina Faso, Sierra Leona, Ghana, y Kenia, han avanzado exitosamente en esta dirección, utilizando programas de vales de alimentos vinculados a la capacidad económica de los beneficiarios, prestaciones maternales y familiares, servicios sociales escolares, y esquemas de transferencia condicional de fondos centrados en los grupos más vulnerables, como los huérfanos.

En el largo plazo, los países de bajos ingresos se beneficiarían diversificando sus economías y evitando la dependencia excesiva de unos pocos productos y socios comerciales. Las economías más diversificadas tienen mayores probabilidades de generar crecimiento más inclusivo: crecimiento que crea trabajo para más personas y distribuye sus beneficios de manera más amplia. Para impulsar las posibilidades de crecimiento en el largo plazo y la productividad, los países con bajos ingresos también deberán cubrir enormes necesidades de infraestructura, especialmente en las áreas de generación de energía y transporte.

¿Qué podemos hacer para ayudar? El FMI está listo para asistir con asesoramiento en políticas, apoyo financiero y asistencia técnica. Hemos ampliado nuestra capacidad de préstamo en condiciones favorables a 17 mil millones hasta 2014, y duplicamos las cantidades que pueden retirar los países. También hemos disminuido las tasas de interés en todos los créditos de condiciones favorables a cero durante 2012. Hemos flexibilizado nuestros instrumentos crediticios, para qué la asistencia financiera pueda llegar rápidamente a nuestros miembros, dejando suficiente margen para que los gastos de alta prioridad apoyen el crecimiento y protejan a los más vulnerables.

Finalmente, la mejor forma en que la comunidad internacional puede ayudar a los países de bajos ingresos es que las economías avanzadas pongan sus casas en orden y restablezcan un crecimiento global sólido y sostenible. Eso ayudará a garantizar que los países de bajos ingresos mantengan su rumbo hacia la consolidación y ampliación de los impresionantes logros de la última década.