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Obama en la India

NUEVA DELHI – Barack Obama, el sexto presidente estadounidense que visita la India desde la independencia de este país, llega en un periodo difícil tanto para la India como para los Estados Unidos. Algunos de los asesores más cercanos de Obama acaban de renunciar, lo cual ha dejado un vacío delicado en las áreas de seguridad y economía –el tema central de las reuniones de Obama con el gobierno indio.

Para la India, los temas que se van a abordar durante la visita de Obama son inmensos y complejos y las opciones para resolverlos son extremadamente limitadas. Los que tienen que ver con la seguridad en Afganistán y Pakistán son traicioneros como nunca antes. Los desacuerdos monetarios, comerciales, económicos entre los dos países pueden no ser tan amargos como los que hay entre China y los Estados Unidos, pero son espinosos y la falta de resolución los hace más intratables.

La no proliferación nuclear sigue siendo una de las prioridades de Obama, así como la venta de tecnología nuclear civil estadounidense a la India, para lo cual el ex presidente George W. Bush allanó el camino. Además, Obama estará muy interesado en saber de qué manera la India puede ayudar en el tema Irán, que es un país con el cual la India tiene una relación fluida, debido a que comparten las mismas inquietudes en cuanto a Afganistán y Pakistán.

Dada esta fuerte lista de desafíos, ¿cuáles son las perspectivas del paso de Obama por la India? Hace algunos años me lo preguntó el entonces subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Strobe Talbott, quien estaba ayudando a preparar la visita del presidente Bill Clinton. Como ministro de Asuntos Exteriores en la época le respondí: “¿Por qué hay que buscar nuevos destinos con esta visita? Hay que contentarse con buscar direcciones”, más o menos con esas palabras. Esa respuesta mantiene su esencia hasta hoy: a medida que las relaciones entre la India y los Estados Unidos cobran nuevas direcciones, nuevos destinos vendrán.

Todas las visitas de Estado van plagadas de retórica superflua y grandilocuente. Las cumbres entre la India y los Estados Unidos son particularmente propensas a esta arrogancia: la gran república se reúne con la democracia más grande del mundo. Sería mejor para los dos países hacer a un lado esta guirnalda de calificativos empalagosos.

También se debe quitar otra característica de esas cumbres –el intercambio de listas con los asuntos necesarios y con las recomendaciones. Es denigrante y tedioso recibir a un presidente estadounidense como si fuera un Santa Claus de barras y estrellas y presentarle una extensa lista de deseos. Del mismo modo, a pesar de las circunstancias económicas difíciles de los Estados Unidos, Obama haría bien en evitar usar su visita para vender las mercancías de su país. Aunque el comercio ayuda a hacer fluidas las relaciones, este tipo de asuntos los deben tratar los sherpas y no Obama ni el primer ministro, Manmohan Singh.

Estos dos grandes países, “aliados naturales”, en las palabras del ex primer ministro, Atal Bihari Vajpayee, deben reflexionar en lo que han logrado juntos desde 1998, a fin de planificar lo que está por venir. La suya es ahora una relación de iguales, por lo que sus intereses nacionales tienen  que conciliarse en todos los temas, desde Pakistán hasta el cambio climático.

En efecto, Obama tiene una posición única para un presidente estadounidense, una posición que él parece entender, aunque sus oponentes en su país no la entiendan. El poder ahora empieza con el reconocimiento de sus límites. Lo mismo se puede decir de la India que apenas ahora reconoce su nueva posición en el mundo, en la cual los límites y responsabilidades del país se han expandido poderosamente.

La nuestra es una región inestable, una a la que los Estados Unidos entraron sin entender del todo las consecuencias –para la India y para la región. La India tiene que preguntar decisivamente a Obama cómo se garantiza la seguridad, pero antes de hacerlo, tiene que preguntárselo a sí misma.

La India tiene que dejar en claro –y los Estados Unidos tienen que reconocer- que un país subcontinental con una población de más de mil millones no puede estar dentro de la categoría de los confines de “Asia del sur.” Los Estados Unidos tienen que aceptar y discutir tranquilamente las consecuencias adversas de sus acciones políticas, diplomáticas y militares que van más allá de su alcance – de “una guerra que ha ido demasiado lejos” que puso a la región en su actual impasse desagradable.

¿Qué pueden hacer los dos países por separado y en conjunto? Los dos líderes tienen que reconocer que la historia es destino y la irrefutable lógica de la geografía es uno de sus aspectos determinantes. Esta es la única guía pertinente y confiable frente a los complejos desafíos de la región.

Las limitantes de las opciones de los Estados Unidos y el veto de las circunstancias, ofrecen poco margen de maniobra para la improvisación diplomática. El gran impedimento son las relaciones difíciles, que empeoran cada vez más con Pakistán. La India tiene que entender esta asociación problemática a la que los Estados Unidos entraron muy conscientes, aunque ayudaría que ese país reconociera que la India ha pagado –y sigue pagando- un precio muy alto por ello. Aceptarlo será la única forma en que los dos países podrán trazar un futuro común.

Del mismo modo, sería poco inteligente de los Estados Unidos invitar gratuitamente a China a participar en los asuntos de la región que incluye a la propia India –algo que al parecer Obama realizó durante su visita a China a principios de este año cuando señaló que ese país tenía un papel que desempeñar en Cachemira. Los Estados Unidos también dejar de cuestionar las relaciones de la India con Irán, una vecindad que se explica por vínculos culturales, económicos e incluso a nivel de civilización que se mantienen desde hace muchos siglos.

Dos grandes pueblos y países, aunque ahora atrapados en una “alianza estratégica” pueden ocasionalmente tener diferencias, como las han tenido la India y los Estados Unidos –por ejemplo, por las negociaciones sobre el clima global. Sin embargo, durante esos momentos, Obama bien podría recordar las palabras de Vajpayee durante la visita de Clinton, cuando citó el poema de Walt Whitman “Pasaje a la India”:

“Navega –dirígete sólo a las aguas profundas, oh alma temeraria, explora, yo contigo, tú conmigo, porque nuestro destino es donde el marinero nunca ha osado ir.”

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