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El Japón como número tres

TOKYO – Ahora China ha suplantado oficialmente al Japón como la segunda economía del mundo por su tamaño. La cuestión que ahora se le plantea al Japón es la de si seguirá bajando por la lista de las grandes economías del mundo o si sus políticos volverán a una senda de reformas que reavive su crecimiento. Que el Partido Democrático del Japón parece ahora atrapado en una lucha de poder entre el Primer Ministro, Naoto Kan, y el hombre fuerte del partido, Ichiro Ozawa, indica que una reforma económica seria no ocupa el primer puesto en el programa del PDJ.

En el decenio de 1980, el crecimiento anual del PIB del Japón ascendió, por término medio, al 4,5 por ciento; desde comienzos del decenio de 1990, la economía ha estado prácticamente estancada, con un crecimiento anual medio del 1 por ciento. En el decenio de 1990, el Gobierno del Japón, al equivocarse garrafalmente sobre las causas de las dificultades de la economía, aumentó enormemente los gastos estatales enobras públicas, pero pasó por alto los ajustes de la oferta.

Aquella política engendró nuevos intereses creados y, por tanto, un nuevo ambiente político, pues las empresas de la construcción y otros beneficiarios de los contratos estatales empezaron a hacer importantes donaciones al gobernante Partido Liberal Democrático, con lo que las arcas del PLD quedaron abarrotadas, pero se pusieron las bases para la grave crisis financiera habida al final del decenio de 1990.

En aquellas circunstancias, el Primer Ministro Junichiro Koizumi ocupó el poder en abril de 2001. Bajo su dirección, los bancos insolventes se recuperaron. Al comienzo del gobierno de Koizumi, el 8,4 por ciento de los préstamos bancarios en el Japón estaban afectados por la morosidad. Al final de su mandato, la tasa había bajado al 1,5 por ciento, con lo que se restableció el potencial para el crecimiento del país. De hecho, ésa fue una razón por la cual el Japón se vio tan poco afectado por la “sacudida Lehman”, que provocó la crisis financiera mundial.

Pero la reforma macroeconómica se detuvo estrepitosamente en 2006, después de que Koizumi dimitiera. Una serie de primeros ministros con breves mandatos inició una tónica de enormes desembolsos estatales. Como era de esperar, la economía se deterioró.

El año pasado, los votantes, frustrados por la deficiente gestión económica y política del gobernante PLD, optaron por un cambio en la cumbre, pero la tónica de mala gestión económica, lejos de invertirse, no ha hecho sino empeorar.

Unos aumentos enormes del gasto fueron destinados a los agricultores y las familias. A consecuencia de ello, la proporción del gasto total correspondiente a los ingresos tributarios se ha reducido en este año fiscal a menos del 50 por ciento, algo nunca visto en toda la historia del Japón en la posguerra.

Pese a esa precaria posición fiscal, de momento el mercado de los bonos estatales japoneses sigue estable, pero se debe a que la mayoría de los compradores de los bonos estatales son organizaciones y familias nacionales. Dicho de otro modo, la financiación de la falta de ahorro del Gobierno corre a cargo de los ahorros del sector privado.

Pero esa red de seguridad constituida por los ahorros del sector privado está haciendo agua. Las familias japonesas poseen ahorros de 1,1 billones de yenes, aproximadamente, en activos monetarios netos. Sin embargo, dentro de unos tres años, el importe de los bonos estatales japoneses superará el total de activos de las familias japonesas. La deuda estatal dejará de estar respaldada por los activos de los contribuyentes. Es probable que decaiga la confianza en el mercado de los bonos estatales japoneses.

Además, a medida que la sociedad japonesa envejezca, la tasa de ahorro de las familias disminuirá espectacularmente, lo que volverá difícil, si no imposible, que el sector privado financie indefinidamente el déficit presupuestario.

Y se espera que con el envejecimiento del país aumenten las nuevas demandas de gastos fiscales. Dentro de unos cinco años, todos los baby boomers tendrán más de 65 años de edad, pero se espera que la presión al gasto estatal en pensiones y atención de salud empiece a manifestarse antes, hacia 2013.

El nuevo gobierno del Japón, encabezado por el Primer Ministro, Naoto Kan, empezó a examinar la posibilidad de aplicar un impuesto al consumo para compensar el aumento del gasto, pero un impuesto al consumo no es una panacea, en particular dada la carencia de una estrategia de desarrollo por parte del Gobierno. Aunque no cabe duda de que será necesario un aumento de los impuestos, no es la prioridad adecuada en este momento... y podría resultar contraproducente, si provocara una contracción espectacular de la economía.

De hecho, el Gobierno de Koizumi demostró cuál era la forma mejor de abordar la consolidación fiscal. Koizumi llegó a la conclusión de que se debía restablecer un equilibrio presupuestario primario en diez años y poco le faltó para lograrlo, pues el déficit primario de 28 billones de yenes de 2002 quedó reducido a 6 billones de yenes en 2007. Si se hubiera continuado con esa medida durante dos años más, se habría logrado un superávit primario.

Sin una estrategia en pro del crecimiento, de la que formen parte medidas para reducir el gasto estatal y una política encaminada a detener la inflación, la economía del Japón seguirá estancada, pero Kan no parece aún dispuesto centrarse en el crecimiento, sino que, como tantos otros dirigentes que lo precedieron, proclama su deseo de encontrar una “tercera vía”. Ahora bien, como ha demostrado la Historia, no existe una tercera vía.

Kan sigue creyendo que un Estado grande, con gastos de asistencia social en aumento, es la forma de poner en movimiento la economía. No es de extrañar. Participó en movimientos y grupos civiles –como las organizaciones medioambientales– que prestan poca atención a la necesidad de crecimiento económico.

El aumento de la carga impositiva parece casi una característica natural de esa mentalidad, como también la desatención de la necesidad de un aumento de la competencia económica. Sin eso y una nueva atención centrada en el crecimiento, el Japón seguirá bajando por la escalera mundial del éxito.

De hecho, cualquier japonés que piense que la complacencia es una opción debe mirar a la Argentina. Hace cien años, este país era seguramente la segunda economía del mundo por su riqueza. Ahora, gracias a unas malas políticas y a unos políticos aún peores, figura entre los países del montón del mundo.

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