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Ilusiones de democracia

NUEVA YORK - Internet es una herramienta extraordinariamente poderosa. Ha cambiado la manera en que hacemos negocios, cómo hacemos política y hasta el modo como cambiamos de gobernantes, por lo menos parte del tiempo.

Sin embargo, la facilidad con que nos comunicamos hoy, las factores de eficiencia que damos por sentados, nos puede dar un falso sentido de lo sencillo que es dar continuidad a algunos de estos cambios. A pesar de la importancia de las redes sociales para impulsar la revolución, e incluso deponer gobernantes profundamente impopulares, gobernar el mundo real no es tan fácil como hacerlo en línea.

Esa fue la impresión que tuve la semana pasada, mientras escuchaba a uno de los miembros de la nueva "generación online" de Egipto hablar con entusiasmo sobre el futuro. Su tesis era que una vez que la gente ha probado el sabor de la libertad, una vez que el opresor se ha ido, vivirán naturalmente como personas libres y construirán una sociedad nueva y democrática, sin demasiada supervisión central. Quisiera poder creer que para los egipcios todo será tan fácil como administrar un grupo de Facebook.

En general, Internet es una herramienta para personas cuyas necesidades básicas ya están siendo satisfechas. Los miembros de la clase media alta de la mayoría de los países, incluido Egipto, a menudo parecen olvidar que, para la mayor parte de la gente, el valor creado en Internet no puede alimentar, vestir ni dar techo a sus familias.

En siglos pasados​​, los revolucionarios eran agricultores, herreros o comerciantes; hoy son ejecutivos de Google y amigos de Facebook. Internet une a la élite del mundo. Pero también desvincula a las personas de su pasado y de un sentido de la historia. Los grandes e interesantes acontecimientos que suceden en línea no son los mismos que sucedieron sin conexión a la red en países como Rumania y Kirguistán, y mucho menos en Libia.

De hecho, los hábitos son a menudo más fuertes y persistentes que las ideas o los presidentes. La gente puede querer un mundo sin corrupción, pero es difícil entender cómo funciona ese mundo. Cuando uno crea una nueva empresa y necesita registrarla rápidamente, ¿cómo logra que el burócrata haga avanzar las tramitaciones necesarias?

En muchos países, la respuesta es obvia. Y, desde el punto de vista del burócrata mismo, su salario puede ser patético, pero viene con un flujo constante de "pagos de agilización". El burócrata no se siente corrupto; juega según las reglas que aceptó cuando obtuvo su empleo y no las quiere cambiar a mitad del juego.

Hay muchos en esta posición o una similar, y dependen unos de los otros para hacer funcionar un sistema corrupto. Para ellos es difícil entender cómo podría ser de otra manera. Por supuesto, conocemos por los medios de comunicación -de hecho, a través de Internet - la transparencia y la libertad, pero sin llegar a comprender realmente cómo funcionan.

A menudo recuerdo a un empresario ruso del sector tecnológico con que hablé hace muchos años, allá cuando la Unión Soviética se desmoronaba. "¡Es fantástico!", dijo, "Nuestro gobierno va a fijar precios de libre mercado, al igual que el suyo."

No quiero ser pesimista. Los pueblos de Oriente Próximo y otras democracias emergentes definitivamente han cambiado con sus experiencias recientes, y sus expectativas se han elevado. Pero es necesario que comprendan los desafíos que enfrentan en la construcción de una nueva sociedad.

Puede que Internet haya hecho que esta transición parezca demasiado fácil. En las comunidades de Internet, es bastante fácil llegar a un consenso. La afiliación es voluntaria y quienes no están de acuerdo con las reglas pueden marcharse. O pueden ser expulsados​​: no se exige el debido proceso.

Más aún, muchos recursos son infinitos en Internet. La gente no pelea por viviendas escasas o empleos lucrativos. Establecen nexos de amistad, comparten información y acumulan estatus, puntos y experiencias.

Pero en el mundo real, incluso en línea, las cosas no son tan fáciles. Pensemos en eBay, una fusión maravillosa y en su mayor partea exitosa de los mundos online y offline. Cuenta con un gran presupuesto para disuadir y detectar fraudes, y sencillamente puede prohibir el acceso a los defraudadores. El éxito de la empresa hace que su gestión y gobierno parezcan simples, pero puede prestarse a confusión. A diferencia de eBay, un país necesita poner a sus criminales en la cárcel y mantenerlos allí; no puede simplemente cancelar sus cuentas.

Toda sociedad tiene sus malhechores, y necesita una autoridad  afianzada (y responsable) para lidiar con ellos. De lo contrario, los malos se aprovechan de los buenos.

Todo esto significa que los pueblos recién liberados de Oriente Próximo deben templar su idealismo con un realismo duro. Tienen que encontrar la manera de negociar y colaborar con las estructuras de poder existentes, como el ejército y la Hermandad Musulmana en Egipto. Guste o no, no pueden comportarse como un grupo de pacifistas espontáneos; tienen que elegir líderes que puedan hablar y negociar en su nombre. Los modernizadores deben formar una fuerza coherente -muy probablemente un partido político- y no simplemente confiar en la sabiduría (y la buena conducta) de la multitud para gobernar el país.

Eso no significa que los activistas deban abandonar la causa por la que luchan. Pero sí significa entender que incluso la democracia tiene gran cantidad de reglas: idealmente, normas elegidas por la mayoría. Sin embargo, en su mayor parte no se eligen directamente; por lo general, las normas reflejan acuerdos entre representantes electos que tienen la facultad de debatir y negociar en persona, reflejando las preferencias generales de quienes los eligieron.

Esto puede sonar bastante al sistema antiguo, pero no tiene que ser así. En la red, si a uno no le gustan las reglas puede simplemente marcharse y formar una nueva comunidad. Fuera de la red, lo que uno debe hacer es seguir ahí y ayudar a cambiar reglas que valgan para todos.

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