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Para ayudar a Birmania

RANGÚN – En todo Oriente Medio y ahora en Birmania (Myanmar), ha vuelto a plantearse una de las grandes cuestiones de la política mundial contemporánea: ¿cómo pueden pasar los países de un autoritarismo desfalleciente a alguna forma de pluralismo autónomo? A su vez, los ministros de Asuntos Exteriores de todos los países afrontan cuestiones normativas fundamentales: cuando un país lanza semejante transición política, ¿cuándo deben ayudar otros países y cuál es la forma mejor de hacerlo?

Las transiciones logradas son, parafraseando a Tolstói, todas iguales, pero todas las transiciones no logradas lo son a su modo. Las transiciones logradas en gran parte de la Europa central a raíz del fin de la Guerra Fría se vieron facilitadas por el desplome del antiguo orden comunista de la noche a la mañana y su entrega del poder pacíficamente, lo que, junto con un apoyo generoso de la Europa occidental, los Estados Unidos y otros, contribuyó a infundir un talante favorable para la reconciliación, al permitir que cada uno de los países abordara de forma mesurada y no vengativa las numerosas cuestiones morales resultantes del obscuro pasado reciente.