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La minoría desperdiciada de Europa

BUDAPEST – Actualmente, millones de europeos sienten miedo y frustración al afrontar el desempleo, la pérdida de ahorros y pensiones, unas prestaciones sociales radicalmente reducidas y otras penalidades económicas. Sus temores están justificados, porque la crisis financiera actual está socavando la propia unión que se creó para curar las heridas de Europa al final de la segunda guerra mundial.

Pero, en medio del sufrimiento general, se ha pasado por alto a un grupo: los romaníes. Millones de romaníes, la minoría étnica mayor y más desfavorecida de Europa y que cuenta con una población como la de Grecia, están atrapados en la extrema pobreza y la ignorancia, agravadas por la discriminación generalizada. De hecho, según las conclusiones de la encuesta de la Unión Europea sobre las minorías y la discriminación de 2009, los romaníes padecen una discriminación más grave que ningún otro grupo étnico minoritario de Europa.

Las dificultades provocan actitudes agresivas, vengativas e intolerantes y los romaníes han pasado a ser los chivos expiatorios en esta crisis económica. De hecho, los ataques verbales contra los romaníes están ayudando a los partidos de extrema derecha a movilizarse y a los dirigentes nacionalistas a conseguir votos. Incluso algunos partidos políticos más centrados han recurrido a una retórica antirromaní que hace un decenio habría resultado inconcebible, pero los romaníes se han abstenido de responder con la misma moneda a la violencia, a veces letal, que se les inflige.

Hace seis años, la Fundación de la Sociedad Abierta, el Banco Mundial y nueve gobiernos nacionales abordaron la cuestión preparando un plan pormenorizado para integrar a los romaníes en la sociedad europea. El programa, conocido como “Decenio de la inclusión de los romaníes 2005-15”, asignó prioridad a cuatro sectores: salud, vivienda, educación y empleo. Este año, la Comisión Europea ha pedido que todos los Estados miembros de la UE formulen y apliquen estrategias para fomentar la inclusión social de los romaníes en dichos sectores.

El Deceno de la inclusión de los romaníes ofrece un plan para lograr la integración  y la igualdad y eliminar la discriminación ilegal, pero sólo se podrán alcanzar esos objetivos, si la UE resuelve su crisis financiera, inicia una recuperación sostenible y, por encima de todo, se transforma en una economía no excluyente. De lo contrario, los romaníes servirán inevitablemente de cómodos chivos expiatorios de la UE.

La exclusión social no es sólo moral y legalmente repugnante, sino que, además, es contraria al interés económico. La de los romaníes es la población más joven y que crece más rápidamente de Europa, con una media de 25 años de edad, frente a la media europea de 40 años. Según una reciente investigación del Banco Mundial, los romaníes representan el 23 por ciento, aproximadamente, de quienes se incorporan por primera vez al mercado laboral de Bulgaría. En Rumania, son el 21 por ciento. Sin embargo, la inmensa mayoría de los romaníes en edad de trabajar carece de la instrucción necesaria para competir con éxito en el mercado laboral.

Al seguir segregando a los niños romaníes en escuelas “especiales”, en las que poco se espera de su rendimiento, que es peor aún, los Estados miembros de la UE están desperdiciando centenares de millones de euros al año en productividad e ingresos fiscales. El mensaje es sencillo: mejorar las oportunidades para los romaníes es moralmente acertado y también económicamente inteligente.

La integración es posible. Yo crecí en una ciudad pequeña y empobrecida de la Servia central, donde mis padres lograron salir de la pobreza y la privación extremas. Mi padre obtuvo un título de bachillerato y trabajó de taxista, mientras mi madre asistía a las clases universitarias y trabajaba en una oficina estatal. Nos sentimos orgullosos de la casa de dos habitaciones que mis padres lograron construir antes de que nos mudáramos a otra mayor en una zona con mezcla de poblaciones de diferentes orígenes étnicos.

Por haberme criado en una familia que se esforzó para subir de la pobreza a la clase media, yo estudié Derecho y completé un programa de gestión de ONG en la Universidad de Harvard. Miles de romaníes han hecho recorridos similares y cientos de miles más pueden hacer lo mismo.

Europa no puede seguir marginando a una de sus minorías; el prejuicio antirromaní y la discriminación ilegal no pueden seguir imperando. El status quo está dañando a millones de romaníes, pero también está dañando económica y moralmente a Europa. El tópico histórico es aplicable a este caso: se juzgará la grandeza de Europa por el trato que dé a sus miembros más vulnerables.

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