Saturday, October 25, 2014
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La colonización de Palestina es un obstáculo para la paz

Durante más de un cuarto de siglo, la política israelí ha estado en conflicto con la de los Estados Unidos y de la comunidad internacional. La ocupación de Palestina por Israel ha constituido un obstáculo para un acuerdo amplio de paz en Tierra Santa, independientemente de que los palestinos no tuvieran un gobierno oficial o tuviesen uno encabezado por Yaser Arafat o Mamoud Abbas o con Abbas de Presidente y Hamas controlando el Parlamento y el gobierno.

La posición inquebrantable de los Estados Unidos desde el gobierno de Dwight Eisenhower ha sido la de que las fronteras de Israel deben coincidir con las establecidas en 1949 y, desde 1967, la resolución 242 de las Naciones Unidas ha exigido la retirada de Israel de los territorios ocupados. Incluso Israel volvió a confirmar esa política en 1978 y 1993 y todos los presidentes americanos la han subrayado, incluido George W. Bush. Este último, como parte del Cuarteto, del que forman parte Rusia, las Naciones Unidas y la Unión Europea, ha refrendado una "hoja de ruta" para la paz, pero Israel ha rechazado oficialmente sus premisas básicas con salvedades y requisitos previos claramente inaceptables.

El Centro Carter ha supervisado, con la aprobación de Israel, las tres elecciones palestinas. Todas ellas, supervisadas por una comisión selecta de presidentes de universidades y juristas distinguidos, han sido justas, ecuánimes y pacíficas y vencedores y perdedores han aceptado sus resultados.

Hamas controlará el gobierno y la oficina del Primer Ministro, pero Mahmoud Abbas conserva toda la autoridad y el poder ejercidos por Yaser Arafat. Sigue siendo el jefe de la OLP, única entidad palestina reconocida por Israel, y como tal podría tratar con los dirigentes israelíes con independencia del control de Hamas. Ha refrendado inequívocamente la hoja de ruta del Cuarteto. Las encuestas de opinión posteriores a las elecciones muestran que el 80 por ciento de los palestinos siguen queriendo un acuerdo de paz con Israel y casi el 70 por ciento apoya a Abbas como Presidente.

Israel ha anunciado una política de aislamiento y desestabilización del nuevo gobierno (tal vez con el concurso de los Estados Unidos). Se denegarán los permisos para viajar a los funcionarios elegidos, se impedirá la entrada en Israel a los trabajadores de la aislada Gaza y se están adoptando toda clase de medidas para bloquear los fondos a los palestinos. El enviado especial del Cuarteto, James Wolfensohn, ha propuesto que los donantes ayuden al pueblo palestino sin violar las leyes antiterroristas que prohíben el envió directo de fondos a Hamas.

A corto plazo, la mejor actitud es la de seguir la recomendación de Wolfensohn, dejar pasar la tormenta en Palestina y esperar a que se conozcan los resultados de las elecciones que se celebrarán en Israel al final de este mes. Hamas quiere ahora consolidar sus triunfos políticos, mantener el orden y la estabilidad internos y abstenerse de celebrar contacto alguno con Israel. Sería una tragedia –en particular para los palestinos– que promoviera o aprobara el terrorismo.

El obstáculo principal para la paz es la colonización de Palestina por Israel. Cuando yo pasé a ser Presidente, había sólo unos centenares de colonos en la Ribera Occidental y Gaza, pero el gobierno del Likud aumentó la actividad colonizadora después de que yo abandonara mi cargo. El Presidente Ronald Reagan condenó esa política y reafirmó que la resolución 242 seguía siendo "el elemento fundamental del empeño de los Estados Unidos en pro de la paz en Oriente Medio". El Presidente George H. W. Bush amenazó incluso con reducir la ayuda americana a Israel.

Aunque el Presidente Bill Clinton se esforzó al máximo para fomentar la paz, durante su gobierno hubo un aumento en gran escala de los colonos hasta alcanzar la cifra de 225.000, la mayoría mientras Ehud Barak fue Primer Ministro. Su mejor oferta oficial a los palestinos fue la de retirar el 20 por ciento de ellos, con lo que habrían dejado 180.000 en 209 asentamientos, que abarcarían el cinco por ciento de las tierras ocupadas.

La cifra del cinco por ciento es extraordinariamente engañosa, pues las zonas circundantes están tomadas o marcadas para su expansión, hay carreteras que comunican los asentamientos entre sí y con Jerusalén y amplias arterias que suministran agua, alcantarillado, electricidad y comunicaciones. Esa intrincada maraña divide toda la Ribera Occidental en múltiples fragmentos, muchos de ellos inhabitables o incluso inaccesibles.

Recientemente, los dirigentes israelíes han adoptado medidas unilaterales sin la participación de los Estados Unidos ni de los palestinos, la primera de las cuales ha sido la retirada de Gaza. Esta última, circunscrita y aislada como está actualmente, sin acceso por aire ni por mar y sin comunicación con la Ribera Occidental, es una entidad política y económica inviable.

El futuro de la Ribera Occidental es igualmente sombrío. Particularmente problemática es la construcción por Israel de enormes muros divisorios de hormigón en zonas pobladas y de vallas altas en zonas rurales... situados enteramente en territorio palestino y en muchos casos con intrusiones profundas para abarcar más territorio y asentamientos. El muro está concebido para que rodee completamente una Palestina truncada y una red de carreteras exclusivas atravesará lo que queda de Palestina para conectar Israel con el valle del río Jordán.

Eso nunca será aceptable para los palestinos ni para la comunidad internacional y precipitará inevitablemente un aumento de la tensión y de la violencia dentro de Palestina y un mayor resentimiento y animosidad del mundo árabe contra los Estados Unidos, que serán acusados de la difícil situación de los palestinos.

El primer ministro en funciones Ehud Olmert y otros señalaron hace años que la ocupación permanente por Israel resultaría cada vez más difícil, pues el número relativo de ciudadanos judíos disminuye su demografía dentro de Israel y en Palestina. Es algo que resulta evidente para la mayoría de los israelíes, que también consideran ese papel dominante como una distorsión de su antigua moral y sus valores religiosos. A lo largo de los años, las encuestas de opinión han mostrado constantemente que el 60 por ciento, aproximadamente, de los israelíes son partidarios de la retirada de la Ribera Occidental a cambio de una paz permanente. Asimismo, un número abrumador de israelíes y palestinos quieren una solución duradera mediante la existencia de dos Estados.

En los últimos años han aumentado las víctimas, al imponer las fuerzas ocupantes controles más estrictos. Desde septiembre de 2000 hasta marzo de 2006, 3.982 palestinos y 1.084 israelíes han muerto de resultas del conflicto, entre ellos muchos niños: 708 palestinos y 123 israelíes.

No cabe duda de que un acuerdo con los palestinos puede propiciar un reconocimiento pleno de Israel y de su derecho a vivir en paz por parte de los árabes. Cualesquiera políticas de rechazo por parte de Hamas o de cualquier grupo terrorista serán derrotadas por un compromiso árabe general para limitar la violencia y fomentar el bienestar del pueblo palestino.

A lo largo de los años, he visto que la desesperación y la frustración evolucionaban hacia el optimismo y la consecución de avances e incluso ahora no debemos abandonar la esperanza de una paz permanente para los israelíes y de libertad y justicia para los palestinos, si se cumplen tres premisas básicas:

1. Los palestinos y todos los demás vecinos deben reconocer el derecho de Israel a existir y vivir en paz;

2. No se puede aprobar la muerte de personas inocentes por atentados suicidas con bombas u otros actos de violencia; y

3. Los palestinos deben vivir en paz y con dignidad y los asentamientos israelíes permanentes en su territorio constituyen un importante obstáculo para la consecución de ese objetivo.

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