NUEVA YORK - El excéntrico intelectual bengalí Nirad C. Chaudhuri explicó una vez el fin del Raj británico en la India como un caso de "funk", o sea, un bajón o pérdida de los nervios. Los británicos habían dejado de creer en su propio imperio. Simplemente perdieron la voluntad, en las famosas palabras de Rudyard Kipling, de combatir "las salvajes guerras por la paz".
De hecho, el poema de Kipling "La Carga del Hombre Blanco", que exhortó a la raza blanca a difundir sus valores a los "taciturnos pueblos recién conquistados, medio demonios y medio niños", no trataba del Imperio Británico en absoluto, sino de los Estados Unidos. Subtitulado "Los Estados Unidos y las Islas Filipinas" fue publicado en 1899, cuando EE.UU. libraba una "salvaje guerra por la paz" propia.
Chaudhuri tenía cierta razón. Es difícil mantener un imperio sin la voluntad de usar la fuerza cuando sea necesario. Mucha retórica política, y una serie de nuevos libros, nos podrían hacer creer que EE.UU. se encuentra ahora en un peligroso estado de pérdida de voluntad de dominio.
Por ejemplo, el candidato presidencial republicano Mitt Romney gusta de fustigar al presidente Barack Obama por "pedir disculpas por el poder internacional de Estados Unidos", por atreverse a sugerir que EE.UU. no es "el país más grande de la Tierra" y por ser "pesimista". Por el contrario, Romney promete "restablecer" la grandeza y el poder internacional de Estados Unidos, lo que se propone hacer al aumentando el poderío militar estadounidense.
El Kipling de Romney es el intelectual neoconservador Robert Kagan, cuyo nuevo libro, The World America Made (El mundo que Estados Unidos creó) argumenta en contra del "mito de la decadencia estadounidense”. Sí, admite, China está creciendo en fuerza, pero el dominio de EE.UU. sigue siendo abrumador. Las fuerzas militares estadounidenses todavía pueden "hacer lo correcto" ante cualquier rival. El único peligro real para el poder de EE.UU. es el "derrotismo": la pérdida de confianza en sí mismo, la tentación de "escapar de las cargas morales y materiales que han pesado sobre [los estadounidenses] desde la Segunda Guerra Mundial". En una palabra, el bajón.
Al igual que Chaudhuri, Kagan es un escritor que atrapa. Sus argumentos suenan razonables. Y su evaluación de la potencia de fuego de EE.UU. es sin duda correcta. Es cierto que tiene poco tiempo para problemas internos como la anticuada infraestructura, la mala calidad de las escuelas públicas, un sistema de salud terrible y desigualdades grotescas en el ingreso y la riqueza. Pero sin duda tiene razón al observar que ninguna otra potencia amenaza con usurpar el papel de Estados Unidos como policía militar del mundo.
Menos segura, sin embargo, es la premisa de que el orden mundial se derrumbaría sin el "liderazgo estadounidense". Supuestamente, el rey de Francia Luis XV declaró en su lecho de muerte: "Après moi, le deluge" (Después de mí, el diluvio). Esa es la vanidad de todas las grandes potencias.
A pesar de que los británicos desmantelaban su imperio después de la Segunda Guerra Mundial, los franceses y los holandeses todavía creían que desprenderse de sus posesiones en Asia causaría un caos. Y aún es común escuchar a los autócratas que heredaron parte de los imperios occidentales afirmar que la democracia está muy bien, pero que la gente no está preparada. Aquellos que monopolizan el poder no se pueden imaginar un mundo sin su control como algo distinto a una catástrofe.
En Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, la Pax Americana, garantizada por el poder militar de EE.UU., fue diseñada "para mantener a los rusos afuera y a Alemania sometida". En Asia, se orientaba a contener el comunismo, al tiempo que permitía a los aliados, de Japón a Indonesia, consolidar su fortaleza económica. La difusión de la democracia no era la principal preocupación; sí lo era detener el comunismo en Asia, Europa, África, Oriente Próximo y las Américas. En este sentido, tuvo éxito, aunque a un gran coste humano.
Pero ahora que el fantasma de la dominación comunista mundial se ha unido a otros miedos -reales o imaginarios- en el basurero de la historia, sin duda es hora de que los países comiencen a manejar sus propios asuntos. Japón, en alianza con otras democracias asiáticas, debe ser capaz de contrarrestar el creciente poder de China. Del mismo modo, los europeos son lo suficientemente ricos para manejar su propia seguridad.
Pero ni Japón ni la Unión Europea parecen dispuestos a hacerse cargo de su propio peso, debido en parte a décadas de dependencia de EE.UU. en materia de seguridad. En tanto y cuanto el Tío Sam siga siendo la policía del mundo, sus hijos no crecerán.
En cualquier caso, como hemos visto en Irak y Afganistán, las "guerras salvajes por la paz" no siempre son la forma más eficaz de llevar a cabo la política exterior. La dominación militar a la vieja usanza ya no es adecuada para promover los intereses estadounidenses. Los chinos están constantemente ganando influencia en África, no con bombarderos, sino con dinero. Mientras tanto, apoyar dictadores seculares en Oriente Próximo con armas de Estados Unidos ha ayudado a crear el extremismo islamista, que no se puede derrotar con el simple envío de más aviones no tripulados.
La idea promovida por Romney y sus partidarios de que sólo el poder militar estadounidense puede mantener el orden mundial es profundamente reaccionaria. Es una forma de nostalgia de la Guerra Fría: el sueño de regresar a una época en que gran parte del mundo se recuperaba de una guerra mundial ruinosa, en medio del temor al comunismo.
El reconocimiento de Obama de las limitaciones de los Estados Unidos no es un signo de pesimismo cobarde, sino de sabiduría realista. Su discreción relativa en Oriente Próximo ha permitido que la gente allí actúe por sí misma. Todavía no sabemos cuál será el resultado, pero "el país más grande de la Tierra" no puede imponer una solución. Tampoco debería hacerlo.


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Zsolt Hermann
I agree with the writer that although still many people view today's world through the same polarized, fragments glasses searching for alliences and enemies, this kind of thinking can today differentiate dinasaures from creatures that are ready for evolving further.
Today more and more people start to understand that we are all sitting on the same boat, the global crisis and other international events, disasters are providing ample amount of evidence of our interconnections, interdependency.
We can see all the chaos the "big players" are causing entering the strifes, internal affairs of other nations, even if we look at the US since Vietnam they have left each of their military advantures with overall defeat if we consider the local and international social effect of those wars.
The problem is we always want to interfere or "solve problems" how we see fit, how it is suitable for ourselves, and not by examining and understanding the whole system. This short sighted and subjective approach is causing deeper and worse disasters each time.
As we evolved into this integral, totally interconnected network it is time to stop acting instinctively, only caring about ourselves, and start studying, and adapting this new global system, and then based on our knowledge and wisdom start planning and acting with mutual responsibility.
At the end we will find in this new system, realized optimally we will not need "defense forces", strategic alliences at all, instead of destroying we will start building. Of course some of the leaders, lobbies, interest groups would not like such a future, but they will become a small minority until they completely disappear within the global public building a new humanity.