El Gran Malestar continúa

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NUEVA YORK – El año 2015 fue difícil en todas partes: Brasil entró en recesión; la economía china sufrió sus primeras sacudidas graves después de casi cuatro décadas de crecimiento vertiginoso; la zona del euro se las ingenió para evitar el colapso debido a Grecia, pero su virtual estancamiento se mantuvo y aportó a lo que probablemente será considerada una década perdida; para Estados Unidos, se esperaba que en 2015 finalmente se pusiera fin a la Gran Recesión que comenzó allá por 2008, en lugar de eso, su recuperación ha sido regular.

De hecho, Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, ha bautizado la situación actual de la economía mundial como la Nueva Mediocridad. Otros evocan el profundo pesimismo posterior a la Segunda Guerra Mundial y temen que la economía mundial decaiga hasta entrar en recesión o, al menos, mantener un prolongado estancamiento.

A principios de 2010, advertí en mi libro Caída libre –que describe los eventos que condujeron a la gran recesión– que sin respuestas adecuadas, el mundo corría el riesgo de caer en lo que llamé el Gran Malestar. Desafortunadamente, estaba en lo cierto: no nos ocupamos de lo que hacía falta y terminamos exactamente donde temí que lo haríamos.

Los conceptos económicos subyacentes a esta inercia son fáciles de entender y existen soluciones disponibles para solucionarla. El mundo enfrenta una falta de demanda agregada, provocada por una combinación de creciente desigualdad y una oleada de austeridad fiscal sin sentido. Quienes más tienen gastan mucho menos que quienes tienen menos, por lo tanto, a medida que el dinero fluye hacia los más ricos, la demanda disminuye. Y los países como Alemania, que continuamente mantienen superávits externos, están contribuyendo significativamente al problema clave de la insuficiente demanda global.