La solidaridad europea en un mundo en crisis

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BRUSELAS – Fin de año siempre es tiempo de hacer cuentas. Mirando hacia atrás el 2015 que termina, vemos un año en el que la solidaridad europea (a riesgo de sonar demasiado dramático) superó lo que tal vez haya sido uno de sus mayores desafíos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La solidaridad europea estuvo gran parte del año a prueba por la crisis griega, cuyos efectos económicos y sociales aún se sienten en la eurozona y en toda la Unión Europea. Desde el inicio de 2015, las negociaciones sobre Grecia casi agotan nuestra paciencia. Se perdió mucho tiempo y mucha confianza. Se quemaron puentes. Se dijeron cosas difíciles de desdecir. Vimos a las democracias de Europa manipuladas unas contra otras.

Europa toda se asomó al abismo. Y hasta que no llegamos al borde, no retrocedimos. Al final, los miembros de la UE fueron fieles a Grecia; se hicieron compromisos, se los implementó, se los respetó; se inició un programa nuevo. La solidaridad europea prevaleció, la confianza comenzó a recuperarse. Ahora todo depende de la concreción de las reformas; la Comisión Europea sigue tomando partido por Grecia, con un nuevo Servicio de Apoyo a las Reformas Estructurales, y con la provisión de asistencia técnica en cada paso de lo que todavía será un largo viaje.

En tanto, la solidaridad europea sigue a prueba por la crisis de los refugiados. Este año, la Comisión Europea propuso una política integral de migraciones y tomó medidas inmediatas para hacer frente a la crisis. Triplicamos nuestra presencia en el Mediterráneo, lo que ayudó a salvar vidas. Combatimos a las redes criminales de traficantes y contrabandistas. Mostramos nuestra solidaridad acordando distribuir entre los estados miembros a las personas más necesitadas de protección internacional.