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fukuyama19 Getty Images

The Year Ahead 2020

Cómo lograr una Internet segura para la democracia

STANFORD – En octubre estalló un conflicto entre uno de los principales candidatos demócratas a la presidencia de EE. UU., la senadora Elizabeth Warren, y el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg. Warren había solicitado la división de Facebook y Zuckerberg dijo en un discurso interno que esto representaba una amenaza «existencial» a su compañía. Facebook fue entonces criticado por publicar un aviso para la campaña de reelección del presidente Donald Trump que incluía una afirmación evidentemente falsa, acusando al exvicepresidente Joe Biden, otro de los principales contendientes demócratas, de corrupción. Warren provocó a la empresa colocando su propio aviso, deliberadamente falso.

Esta pelea refleja los agudos problemas que presentan los medios sociales para la democracia estadounidense y, de hecho, para todas las democracias. Internet ha desplazado en muchos aspectos a los medios tradicionales —como los periódicos y la televisión— como fuente principal de información sobre los eventos públicos y escenario de las discusiones sobre ellos. Pero los medios sociales tienen un poder muchísimo mayor para amplificar ciertas voces y ser convertidos armas por fuerzas hostiles a la democracia, desde los troles rusos a los conspiracionistas estadounidenses. Esto ha derivado, a su vez, en pedidos para que el gobierno regule las plataformas de Internet para preservar el propio discurso democrático.

Pero, ¿qué formas de regulación son constitucionales y factibles? La primera enmienda de la constitución estadounidense contiene protecciones muy fuertes para la libertad de expresión. Aunque muchos conservadores han acusado a Facebook y Google de «censurar» las voces de la derecha, la primera enmienda solo se aplica a las restricciones gubernamentales a la expresión; el derecho y la jurisprudencia protegen la capacidad de las partes privadas, como las plataformas de Internet, para moderar sus propios contenidos. Además, la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996 las exime de la responsabilidad civil que las disuadiría de editar sus contenidos.

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