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La situación en Zimbabwe es responsabilidad de Sudáfrica

JOHANESBURGO – El retiro de Morgan Tsvangirai de las elecciones presidenciales previstas para el 27 de junio y su decisión de buscar la protección de la embajada holandesa en Pretoria le ha dado al presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, una victoria pírrica. Mugabe obtiene el triunfo a un costo enorme para la democracia y la estabilidad de Zimbabwe y de la región. Las acciones de su régimen durante el proceso que condujo a la decisión de Tsvangirai exigen una firme respuesta regional ante lo que claramente es una victoria robada. En efecto, la permanencia de Mugabe en el poder representa el desafío más importante para las incipientes instituciones democráticas de África y para la visión de Sudáfrica de un continente donde imperen la paz y la prosperidad.

Tras haber participado en cada elección desde 2000, el Movimiento para el Cambio Democrático (MDC por sus siglas en inglés) de Tsvangirai ha cambiado renuentemente de táctica. Bajo las circunstancias, Sudáfrica y la Comunidad de Desarrollo del África Meridional (SADC por sus siglas en inglés) deben reevaluar con urgencia no sólo su relación con Mugabe, sino la forma en la que abordarán una elección en la que no participe la oposición.

Muchas declaraciones adoptadas a lo largo de los años por la SADC y la Unión Africana se refieren a la celebración de elecciones en el continente. Entre ellas se encuentran los Principios y directrices que rigen las elecciones democráticas (2004), la Carta Africana sobre la Democracia, las Elecciones y la Gobernanza (2007) y la Declaración de principios que rigen las elecciones democráticas en África (2002). Ninguno de esos principios se han respetado en Zimbabwe, y los líderes regionales no han citado su violación como motivo para censurar al gobierno de Mugabe.

Desafortunadamente hay un precedente reciente para este tipo de conducta: los gobernantes de Kenya también ignoraron y retorcieron el Estado de derecho y la integridad del proceso electoral y recurrieron a la violencia para obtener un resultado político que sus conciudadanos les habían negado.