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La dulce Caroline en Tokio

TOKYO – Cincuenta años han transcurrido desde el asesinato del Presidente de los Estados Unidos John. F. Kennedy y en Washington, D.C., y en Dallas se han celebrado ceremonias oficiales para conmemorar el aniversario, pero la hija mayor de J. F. Kennedy, Caroline Kennedy, no estuvo presente en ellas: acababa de tomar posesión de su cargo en Tokio, como 29º embajador de los EE.UU. en el Japón.

El 19 de noviembre, miles de personas llenaron las calles para lograr una vislumbre de Kennedy, cuando hizo el recorrido desde la estación de Tokio hasta el Palacio Imperial, a un kilómetro de distancia, en un carruaje tirado por caballos para presentar sus credenciales al Emperador. Al saludar con la mano a los curiosos, parecía Blanca Nieves.

El 22 de noviembre de 1963, fue también el día en que comenzaron las transmisiones por satélite desde los Estados Unidos hasta el Japón y muchos japoneses madrugaron para contemplar un discurso de J. F. Kennedy que comenzaba a las 5.30 de la mañana en Dallas, pero, en lugar de la transmisión del discurso, se encontraron con la espeluznante noticia del asesinato.

La imagen de la joven Caroline –la inspiración para la famosa canción de Neil Diamond– saludando solemnemente, junto a su hermanito de tres años de edad, el ataúd de su padre está profundamente arraigada en los corazones de los japoneses. Así, pues, probablemente no haya ni uno de ellos que no le dé la bienvenida como embajadora de los EE.UU.