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¿Es posible salvar a Yemen?

SANÁ – Yemen ya está habituado a las crisis: expuesto a una guerra de poder en la región entre Irán y Arabia Saudita, asolado por los ataques de una arraigada filial de Al Qaeda y escenario de disputas tribales y un movimiento separatista, el país se ha convertido en un paradigma de todo lo que puede ir mal en el mundo árabe.

En el pasado, Yemen ha demostrado una notable capacidad de resistencia. Es importante que la comunidad internacional no lo deje abandonado en la que tal vez sea su hora de mayor necesidad. Se debe impedir que el derrocamiento del gobierno por parte del movimiento rebelde chií de los hutíes acabe siendo el golpe letal que hasta ahora el país había podido evitar.

Los orígenes del movimiento hutí se remontan a 1991, cuando se creó para proteger al zaidismo, una forma de chiismo moderada, de las interferencias de los musulmanes suníes. Tras los ataques a Nueva York y Washington, DC, del 11 de septiembre de 2001, la lucha de este grupo adoptó una dimensión más global, ya que sus combatientes se opusieron a la decisión de Yemen de colaborar con Estados Unidos y elevar la cooperación bilateral en asuntos de inteligencia.

De 2004 a 2010, el grupo luchó en seis guerras contra el gobierno yemení e incluso hizo incursiones en Arabia Saudita. Sin embargo, nunca pudo ampliar su alcance más allá del norte del país, donde se había hecho fuerte. La situación cambió en 2011, cuando las protestas populares y el caos político generados por la Primavera Árabe produjeron una parálisis institucional generalizada que le permitió avanzar ante un ejército que, en gran medida, no quiso enfrentársele.