7

Nuevo juego, viejas reglas

MADRID – La competición entre las grandes potencias es un hecho: Estados Unidos compite con una Rusia más activa en política exterior y una China en auge. La región de Oriente Medio, el Mar de China Meridional y Ucrania son escenarios donde se pueden comprobar los diferentes intereses de esta nueva realidad.

Releyendo “The great experiment”, de Strobe Talbott, me encuentro con una cita que me hace pensar que las semillas de algunas de las dinámicas que vivimos hoy ya estaban sembradas. El libro recoge una conversación que tuvo lugar en diciembre del año 2000 entre el entonces presidente en funciones, Bill Clinton, y el presidente electo, George W. Bush. Clinton le dice a Bush que, a juzgar por su campaña electoral, parece que las cuestiones de seguridad que más le preocupan son las relaciones con Sadam Hussein y el despliegue, a gran escala, de un sistema de defensa antimisiles. Bush contesta: “eso es absolutamente cierto”.

La implementación de estas dos grandes políticas tuvo que esperar por el inesperado y trágico acontecimiento del 11 de septiembre, en el que Estados Unidos concentró sus energías. Las tensiones potenciales dieron paso a un paréntesis de colaboración generado por la solidaridad antiterrorista.

Ese período, en el que todos nos sentíamos americanos y, según Bush, Putin parecía “muy sencillo y digno de confianza”, se empieza a venir abajo cuando Estados Unidos anunció su retirada del Tratado de Misiles Antibalísticos, para poder desarrollar un sistema de defensa antimisiles que le permitiera defenderse de Irán. La importancia de esta decisión no pasó desapercibida en Moscú.