Shaun Botterill/Getty Images

Por qué la Copa Mundial sí importó

PARÍS – El filósofo y satírico del siglo diecisiete Jean de La Bruyère dijo una vez que “Corneille retrata a los hombres como deberían ser, mientras que Racine los describe tal como son”. Para los europeos, e incluso más para los franceses, la Copa Mundial 2018 fue un evento corneilliano. El torneo celebrado en Rusia a lo largo del pasado mes ofreció una pausa encantada en un mundo tumultuoso y reveló los mejores aspectos de nuestra naturaleza.

En la realidad paralela del torneo, predominaron un ánimo de autoconfianza, altruismo y apertura al “otro”. Al menos por un rato, parecieron caer en el olvido el chovinismo, la alienación y la desesperanza que han prevalecido en esta era de nacionalismos populistas.

En términos geográficos, los cuatro semifinalistas (Francia, Croacia, Bélgica e Inglaterra) eran del Viejo Continente. Se puede denunciar a Francia todo lo que se quiera por su supuesta debilidad y decadencia, pero cuando se trata del deporte más popular del mundo, Europa reina.

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