0

¿El paraíso de los trabajadores?

CAMBRIDGE - ¿Significará el resurgimiento de los sindicatos una traba para las ruedas de la globalización? ¿O servirá su creciente fuerza para hacer que la globalización sea más sustentable, al estimular una mayor igualdad? Como quiera que sea, los sindicatos son un factor clave para la evolución de nuestro sistema económico en 2008 y en los años venideros.

La creciente influencia de los sindicatos ha sido puesta en evidencia en varios eventos recientes: el controvertido acuerdo de la Canciller alemana Angela Merkel para elevar los salarios mínimos de los empleados postales, el hecho de que varios candidatos presidenciales estadounidenses expresen abiertamente sus inquietudes acerca del comercio y la inmigración, y la incipiente preocupación de los gobernantes chinos acerca de los estándares laborales.

Además de su influencia política, la respetabilidad intelectual de los sindicatos también está teniendo un renacimiento. Tras décadas de ser denigrados por los economistas por elevar el desempleo y estrangular el crecimiento, los sindicatos hoy están recibiendo respaldo de destacados pensadores, como Paul Krugman, que argumentan que es necesario que haya sindicatos más fuertes para contrarrestar los peores excesos de la globalización.

La repentina aparición de los sindicatos como fuerza política es particularmente sorprendente en los Estados Unidos, en donde el índice de sindicalización en el sector privado ha caído de 25% en 1975 a un 8% en la actualidad. Desde compañías de alta tecnología como Google al gigante detallista Wal-Mart, las empresas estadounidenses se las han arreglado para no tener sindicatos. Sólo el sector público, donde el índice de sindicalización es del 35%, ha seguido siendo un bastión. Una de mis mejores amigas de la infancia se casó con un líder sindicalista a quien le resultó tan difícil encontrar empleo en EE.UU. que finalmente se mudó con su familia a Canadá, donde las huelgas son mucho más comunes.