A woman rides a bicycles in Ouagadougou SIA KAMBOU/AFP/Getty Images

¿Qué promueve la igualdad de género en los países en desarrollo?

WASHINGTON DC – El 8 de marzo el mundo celebrará el Día Internacional de la Mujer, una oportunidad anual para volver a comprometerse con la igualdad de género. La celebración de este año llega en un momento importante para los derechos de las mujeres, ya que movimientos mundiales como #MeToo y #TimesUp reenfocan la atención en las prácticas discriminatorias que enfrentan las mujeres en su vida social y profesional.

Pero, si bien las mujeres en el mundo desarrollado están librando grandes batallas con respecto al sesgo de género, las mujeres y las niñas de los países en desarrollo siguen concentradas en el logro de victorias menores. En este Día Internacional de la Mujer, no debemos olvidar que en las comunidades más pobres del mundo, la pobreza, el hambre, la violencia doméstica y la discriminación siguen siendo obstáculos endémicos a la paridad de género.

Estudié género y desarrollo en el Sur Global durante 15 años. Mi investigación, que incluyó miles de entrevistas a mujeres de varios países como ser la India y Burkina Faso, se centró en una pregunta: ¿cómo puede la comunidad internacional mejorar el bienestar de las mujeres más pobres del mundo? La respuesta resultó ser ayudarlas a hacer lo que ya están haciendo por su propia cuenta.

Una de las maneras más eficaces para empoderar a las mujeres en cualquier lugar, pero especialmente en los países en desarrollo, es promover la independencia financiera. En muchas áreas, esto se traduce en “grupos de ahorro informales”, que son redes de mujeres con ideas afines que pagan cuotas para construir un fondo compartido de recursos. Este dinero se puede utilizar para financiar una variedad de inversiones, como ser gastos de las pequeñas empresas, matrículas escolares o costos de atención médica.

Los grupos de ahorro comunitarios – existen millones de grupos, solamente en Asia y África – están cambiando vidas todos los días. Una vez conocí a una mujer en Burkina Faso cuyo hijo debe su vida a los recursos financieros de una red de ahorro. Una noche, cuando el niño se encontraba gravemente enfermo con diarrea, su madre llamó a un taxi para que llevarlo a la clínica más cercana. Pero, los taxis, como es también el caso con las ambulancias, deben pagarse por adelantado, y la mujer no tenía dinero. Afortunadamente, un vecino que pertenecía a un grupo de ahorro de salud pudo contribuir y pagar el costo. Ese acceso inmediato a dinero en efectivo muy probablemente salvó la vida del niño.

La mayoría de los préstamos para grupos de ahorro son similarmente pequeños. En Benín, por ejemplo, el tamaño promedio de un préstamo en un grupo es de sólo $9. Pero, en un país donde el ingreso anual promedio es inferior a $800, las cantidades pequeñas pueden marcar una gran diferencia.

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Desafortunadamente, muchos grupos de ahorro, por importantes que sean, no crecen en escala; la mayoría funciona aisladamente de los servicios oficiales, lo que debilita su eficacia. Las mujeres en las comunidades pobres deben depender las unas de las otras; sin embargo, ellas también necesitan acceso a agencias gubernamentales e internacionales para escapar del hambre y la pobreza. Es por eso que mi organización, la Fundación Grameen, utiliza tecnología digital y teléfonos móviles para conectar grupos de ahorro con otros proveedores de servicios.

Uno de nuestros proyectos más grandes se encuentra en Burkina Faso, un país desesperadamente pobre en el occidente de África donde se estima que el 55% de la población padece de inseguridad alimentaria durante al menos una parte del año. Desde el año 1993, hemos trabajado con más de 73,000 mujeres en casi 3,300 grupos de ahorro, brindando servicios directamente a las mujeres que los necesiten. Nuestra participante promedio tiene 40 años, es analfabeta y gana solamente $7 a la semana vendiendo productos agrícolas, como por ejemplo sésamo y maní. Cuando comenzamos el programa, sólo alrededor de la mitad de las mujeres con las que trabajamos dijeron sentirse empoderadas en sus hogares; muchas temían a sus maridos.

Hoy, esos sentimientos están cambiando lentamente. Al servir de puente entre los grupos informales de ahorro y los bancos, los centros de salud, las escuelas y los servicios de extensión agrícola, estamos ayudando a las mujeres a tomar mejores decisiones sobre el uso de alimentos, las prácticas nutricionales y los gastos. Nuestro objetivo es reducir las tasas de pobreza mediante el fortalecimiento de las habilidades de gestión de activos, lo que daría a las mujeres una mayor voz en sus comunidades. Las “sesiones de diálogo de género” que organizamos también fortalecen los lazos familiares.

Durante cada una de mis visitas de campo, me quedé asombrada sobre la forma cómo estos esfuerzos inciden en la vida de las mujeres. En un viaje reciente, conocí a Rasmata, una joven madre que me dijo que, gracias a la red de seguridad de su grupo de ahorro, estaba logrando mantener a su familia a pesar de que su esposo emigró al extranjero, su padre murió recientemente y tiene que lidiar con una sequía persistente. Ella diversifica sus ingresos, administra sus finanzas, e incluso adopta técnicas agrícolas climáticamente inteligentes. La mejor parte fue que se describió a sí misma como una “mujer trabajadora, respetuosa, rigurosa y con ambiciones”.

Esos son adjetivos que las mujeres en todas partes, independientemente de su situación financiera o educación, merecen atribuirse a sí mismas. Así que esta semana, mientras el mundo celebra el increíble progreso que han logrado las mujeres en la larga marcha hacia la paridad, pensaré en mujeres como Rasmata, que han logrado mucho a pesar de tener tan poco.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

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