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El factor Xi de China

HONG KONG – Antes de que este año se llevara a cabo la transición de los cuadros dirigentes de China, los expertos señalaron que el Partido Comunista chino deseaba evitar que una personalidad grandilocuente asumiera el poder: se buscaba a alguien similar al líder burocrático saliente, Hu Jintao, más que a un sucesor carismático como el ex gobernador provincial Bo Xilai.

Sin embargo, no se puede decir que el nuevo presidente y cabeza del PCC, Xi Jinping, sea un personaje soso. Comenzó su mandato rindiendo homenaje a la estatua de Deng Xiaoping en Shenzen, donde hace más de tres décadas el ex jefe del Partido Comunista iniciara la compaña para hacer que un reluctante partido adoptara reformas de libre mercado. En una reunión de los más altos dirigentes, realizada en noviembre, Xi definió los detalles de un cambio fundamental de dirección económica, eclipsando a sus colegas.

Hoy Xi lidera un nuevo grupo económico que coordinará e impondrá sus reformas a los correligionarios que las disputen. Y, a diferencia de Hu, asumió de inmediato el mando de las fuerzas armadas, por lo que dirige un consejo de seguridad nacional paralelo. Da la impresión de que estamos ante el surgimiento de un nuevo “líder máximo”.

La historia reciente puede ayudar a explicar esta reconcentración del poder. En 1993, los líderes del gobierno central tenían poderes relativamente limitados: no controlaban la oferta de dinero y no les resultaba fácil quitar de sus puestos a los gobernadores provinciales o reubicar a generales de alto nivel. Los ingresos del gobierno central eran bajos: de hecho, proporcionalmente menores que los del de cualquier país de peso.