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¿Enfrentará el FMI a Europa?

CAMBRIDGE – A medida que la crisis en la zona del euro continúa profundizándose, es posible que finalmente el Fondo Monetario Internacional reconozca la necesidad de reexaminar su enfoque. El reciente pedido de la nueva directora gerente, Christine Lagarde, de una recapitalización obligada del quebrado sistema bancario europeo es un buen punto de partida. La indignada reacción de los funcionarios –los bancos están bien, insisten, solo necesitan ayuda en términos de liquidez– debería servir para reforzar la decisión del Fondo de actuar sensatamente respecto de Europa.

Hasta ahora el Fondo ha apoyado complacientemente todas las nuevas iniciativas europeas para rescatar a la periferia sobreendeudada de la zona del euro, asignando hasta el momento más de $100 millardos a Grecia, Portugal e Irlanda. Desafortunadamente, el FMI no solo arriesga el dinero de sus miembros sino también, en última instancia, su credibilidad institucional.

Hace solamente un año, en la reunión anual del FMI en Washington D. C., el personal jerárquico comentaba a quien estuviese dispuesto a escucharlo que el pánico de la deuda soberana europea era una tormenta en un vaso de agua. Con ingeniosas presentaciones en PowerPoint, con títulos como «La cesación de pagos en las economías avanzadas actuales: innecesaria, indeseable e improbable», el Fondo intentaba convencer a los inversores de que la deuda de la zona del euro era sólida como una roca.

Incluso en el caso de Grecia, insistía el FMI, las dinámicas de la deuda no eran para preocuparse mucho, gracias al crecimiento y las reformas previstos. No importa la falla fundamental en la lógica del Fondo: los países como Grecia y Portugal enfrentan riesgos de política e implementación mucho más próximos a los de los mercados emergentes que a los de las economías verdaderamente avanzadas como Alemania y los Estados Unidos.