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¿Traerá la tecnología el fin de la convergencia?

WASHINGTON, DC – En la cumbre anual del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, celebrada la semana pasada en Lima (Perú), un tema que dominó las discusiones fue la desaceleración del crecimiento en las economías emergentes. Aclamadas tras la crisis financiera de 2008 como nuevos motores de la economía mundial, hoy actúan como freno al crecimiento global, y muchos piensan que la era de su veloz expansión (y su búsqueda de convergencia con los niveles de ingresos de los países avanzados) son cosa del pasado. ¿Tendrán razón los agoreros?

Motivos para preocuparse hay, empezando por China. Tras décadas de crecer a casi dos dígitos, China parece experimentar una marcada desaceleración que (en opinión de algunos) es peor en realidad que lo que indican las estadísticas oficiales.

Al frenarse el crecimiento de China, lo mismo ocurre con su demanda de petróleo y commodities, con serias repercusiones para otras economías emergentes que dependen de la exportación de materias primas. Además, todavía no se ven en la práctica los beneficios del abaratamiento de los commodities para los importadores netos (con la posible excepción de India), y aquellos que sí se han materializado han sido muy insuficientes para compensar otras fuerzas perjudiciales para el crecimiento.

En tanto, las economías avanzadas parecen estar recuperándose de la crisis de 2008, de modo que el diferencial de crecimiento entre las economías emergentes y aquellas (según datos agregados del FMI y con inclusión de Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán en el grupo de las emergentes) se ha reducido considerablemente. De hecho, tras promediar tres puntos porcentuales durante dos décadas y subir a 4,8 puntos porcentuales en 2010, el diferencial cayó a 2,5 puntos porcentuales el año pasado y se prevé que este año apenas llegue a 1,5.