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¿Salvará Rusia a Occidente?

MOSCÚ – Los rápidos cambios en la economía global y la política internacional están poniendo sobre la mesa, una vez más, un eterno problema en Rusia: las relaciones del país con Europa, y con la región euroatlántica como un todo. Por supuesto, Rusia pertenece en parte a esta región. Sin embargo, no puede ni quiere unirse a Occidente por completo, al menos no todavía. Mientras tanto, esta opción se ve muy diferente hoy en comparación con hace unos cuantos años.

Está quedando en evidencia que el mundo euroatlántico, cuyo modelo económico y político parecía triunfante hace 20 años, ahora está quedando en cierta medida a la zaga de China y otros países asiáticos. También ocurre así con Rusia, donde, a pesar del estimulante debate acerca del desarrollo basado en innovaciones, la economía sigue "desmodernizándose", ya que se ha permitido una metástasis de la corrupción y el país depende cada vez más de sus recursos naturales. De hecho, Asia ha terminado por revelarse como la verdadera ganadora de la Guerra Fría.

El ascenso de estas potencias plantea problemas en torno a las opciones geoestratégicas. Por primera vez en décadas, la brecha de valores entre Rusia y la UE parece estar profundizándose. Europa está superando el nacionalismo estatal, al tiempo que Rusia crea un estado nación. Los europeos, que han aprendido las duras lecciones de la historia y no desean sufrir guerras nuevamente, han abrazado un enfoque negociador y renunciado al uso directo de la fuerza en las relaciones internacionales.

Por otra parte, los rusos ponen énfasis en su "poder duro", que incluye la fuerza militar, porque saben que viven en un mundo peligroso y no pueden esconderse detrás de nadie. Y, debido a su falta comparativa de "poder blando" -atractivo social, cultural y económico- están dispuestos a usar las ventajas competitivas (es decir, su riqueza de recursos naturales) que tienen a su disposición.