Europa, ¿dispuesta pero incapaz?

NEWPORT BEACH.– Abundan las metáforas para describir la crisis europea, que continúa intensificándose. Para algunos, estamos a cinco minutos de la medianoche; para otros, Europa es un auto que acelera hacia el borde de un barranco. Para todos, se acerca cada vez más un peligroso momento existencial.

Los optimistas –afortunadamente quedan algunos, especialmente en Europa– creen que cuando la situación se torne verdaderamente crítica, los líderes políticos darán un nuevo rumbo a las cosas y volverán a colocar a Europa en la senda del crecimiento económico, la creación de empleos y la estabilidad financiera. Pero los pesimistas han aumentado en cantidad e influencia. Ven la como la disfunción política se suma a la agitación financiera, amplificando así los errores en el diseño original de la zona del euro.

Por supuesto, cuál de las partes está en lo cierto dependerá de la voluntad de los gobiernos de la eurozona para tomar las difíciles decisiones necesarias, en forma coordinada y oportuna. Pero no es ese el único factor determinante: los gobiernos deben ser capaces de implementar los cambios una vez que la voluntad de hacerlo se materializa. Y aquí, las interminables demoras tornan los desafíos más sobrecogedores y el resultado más incierto.

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