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¿Será China capaz de dirigir?

NUEVA YORK – La disposición de China a participar en negociaciones sobre posibles sanciones al Irán y a enviar al Presidente Hu Jintao a una cumbre sobre seguridad nuclear en Washington este mes son importantes pasos preliminares con vistas a la asunción de una mayor responsabilidad en la gestión de los asuntos internacionales, pero limitarse a participar en conversaciones o en reuniones no es suficiente. En vista de su importancia cada vez mayor, China debe hacer mucho más que demostrar su bona fides como dirigente mundial responsable o, de lo contrario, podría socavar el sistema que ha permitido su milagroso ascenso.

China ha surgido como potencia mundial mucho más rápidamente de lo que la mayoría de los observadores –y los propios dirigentes de China– podrían haber predicho hace tan sólo un decenio. El rápido crecimiento económico de China, yuxtapuesto a los problemas de los Estados Unidos en el Iraq y en el Afganistán, su deuda monumental y su papel en el desencadenamiento de la crisis financiera mundial han cambiado las realidades del poder mundial y más aún las impresiones mundiales sobre dichas realidades. Probablemente la actual influencia internacional de China supere su deseo o su capacidad.

Así, China se encuentra en una posición difícil en relación con el llamado sistema internacional: las estructuras y normas creadas por los Estados Unidos y otros países después de la segunda guerra mundial para limitar la soberanía nacional mediante un sistema de jurisdicciones superpuestas, obligaciones transnacionales y derechos fundamentales. China se ha beneficiado enormemente de dicho sistema, por lo que su ascenso habría sido inconcebible sin el sistema de libre comercio y el proceso de mundialización encabezados por los Estados Unidos, el acceso a los mercados de este último país y las vías marítimas mundiales cuya seguridad ha garantizado la Armada de los EE.UU, pero la historia de humillación a China por parte de las potencias coloniales europeas ha hecho de sus dirigentes unos partidarios ardientes de los inviolables derechos nacionales y recelosos de cualquier sacrificio de la soberanía.

Como los dirigentes de China no son elegidos mediante votación popular, su legitimidad se deriva en gran medida de dos fuentes: su conexión con la revolución china y su capacidad para brindar seguridad nacional y crecimiento económico. Aunque Mao Zedong estuvo ampliamente implicado en la innecesaria muerte de millones de personas y el régimen actual considera que su actuación fue incorrecta en un 30 por ciento, su fotografía sigue adornando la plaza de Tiananmen, porque la legitimidad del régimen depende en parte de su vinculación con el restablecimiento de la soberanía nacional que Mao representa.