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¿China “perderá” las Olimpíadas de 2008?

Cuando el Comité Olímpico Internacional adjudicó a Beijing los Juegos de Verano de 2008 en julio de 2001, el anuncio desató celebraciones eufóricas en todo el país. El Partido Comunista Chino esperaba usar los Juegos para exhibir el surgimiento del país como una nación dinámica y moderna. Pero cuando los líderes de China empiecen con los preparativos finales para los Juegos el próximo agosto, tal vez se pregunten si ser sede de este evento fue una idea tan buena después de todo. Tienen razones importantes para estar en duda.

Los altos líderes de China siempre monitorean de cerca las expresiones públicas espontáneas de fervor nacionalista, temerosos de que los vientos cambiantes puedan desatar una tormenta inoportuna en su dirección. Por supuesto lo que esperan es que los Juegos canalicen estas energías hacia la solidaridad nacional, que le permitirá al liderazgo brindarle a su pueblo un momento de logro y gloria patriótica.

Ahora bien, las Olimpíadas también pondrán bajo un intenso escrutinio internacional las debilidades de China en un momento delicado en el desarrollo del país. El mundo ya conoce el éxito de China y su atractivo como destino de la inversión extranjera, pero pocos extranjeros han visto de primera mano el precio elevado que el país está pagando por su nueva prosperidad.

Los signos más obvios de ese costo fluyen por las vías fluviales del país y contaminan su aire. El crecimiento y el desarrollo descontrolado han contaminado seriamente alrededor del 70% de los lagos y ríos de China, muchos de ellos no aptos para el uso humano de ningún tipo. De hecho, casi 500 millones de chinos no tienen acceso a agua potable y la cantidad de ríos y lagos contaminados de manera definitiva crece a diario.