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Poder wiki-filtrador

PARÍS – Independientemente de los titulares, del embarazo de los gobiernos y del golpe asestado al secretismo de la correspondencia diplomática, la revelación por WikiLeaks de los cables diplomáticos de los Estados Unidos ofrece una cruda ilustración de lo profundamente alterada que ha quedado la esencia del poder en nuestra era de la información.

Desde su comienzo, el Estado ha sido la principal sede del poder, el acceso al poder solía significar el control del Estado, ya fuera mediante elecciones o mediante su usurpación por la violencia. Ese modelo, dentro del cual las personas son súbditos o, en el mejor de los casos, contribuyentes y votantes, se está viendo socavado por varias tendencias recientes que han brindado poder al individuo.

Pensemos en la Internet, la red de nodos conectados inventada en el decenio de 1960, en el momento culminante de la Guerra Fría, para preservar a los Estados Unidos del caos total después de un ataque nuclear a sus centros neurálgicos. Estaba concebido deliberadamente sin jerarquía ni núcleo ni autoridad central, si bien pocos entonces podían haber sospechado a dónde conduciría, gracias a los numerosos avances de la revolución digital, la tendencia –inherente a la Internet– al poder descentralizado.

Ha propiciado una segunda tendencia: una metamorfosis del proceso de producción. La información ha llegado a ser mucho más que un mensaje transmitido mediante tecnología; ahora es la materia prima de economías avanzadas con gran densidad de servicios y la unidad básica de las organizaciones productivas y sociales modernas.