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Las razones de la importancia de Wolfensohn

Al final de este mes, el mandato de diez años de James Wolfensohn como Presidente del Banco Mundial toca a su fin. Aunque falta mucho por realizar y consolidar, sus logros como dirigente de la comunidad internacional en pro del desarrollo son dignos de mención y brindan una base sólida a partir de la cual continuar la labor.

Tal vez la contribución más importante de Wolfensohn fuera la de aclarar la misión del Banco –fomentar el crecimiento y erradicar la pobreza en el mundo en desarrollo- y al tiempo reconocer la ingente escala de esa tarea y la insuficiencia de los planeamientos anteriores.

Hubo un tiempo en que se pensaba que, como los países en desarrollo tenían menos capital que los más desarrollados, bastaría con proporcionarles más capital para resolver sus problemas. De hecho, esa concepción fue una de las razones para la creación del Banco Mundial: si el problema era una escasez de fondos, era evidente que un banco había de ser una parte decisiva de la solución.

En el decenio de 1980, se pasó de los proyectos a las políticas: ajustes estructurales, que entrañaban la liberalización del comercio, la privatización y la estabilización macroeconómica (fundamentalmente centrada en los precios, en lugar de en el empleo y en la producción). Pero dichas políticas resultaron no ser necesarias ni suficientes para el crecimiento; los países del Asia oriental, que siguieron políticas diferentes, lograron un crecimiento más rápido y tuvieron mucho más éxito en la reducción de la pobreza.