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¿Por qué no confiamos en nuestros líderes?

OXFORD – En las democracias desarrolladas hoy, el liderazgo político está cada vez más a disposición de quien lo quiera tomar. Los votantes, claramente cansados del status quo, quieren cambios en la cúpula. Esto hace que incluso a los establishments de los partidos más importantes les resulte difícil instalar líderes de su preferencia.

En el Reino Unido, los parlamentarios del Partido Laborista se vieron obstaculizados en sus esfuerzos por desbancar a Jeremy Corbyn como líder. En Japón, el candidato preferido del gobernante Partido Liberal Democrático para gobernador de Tokio, Hiroya Masuda, sufrió una derrota aplastante a manos de Yuriko Koike. En Estados Unidos, el Partido Republicano quería que prácticamente cualquiera menos Donald Trump ganara la nominación para la presidencia; y ahí está Trump. Y mientras que el Partido Demócrata está siendo representado por la opción del establishment, Hillary Clinton, su competidor, Bernie Sanders, ofreció una pelea mucho más fuerte de la que cualquiera podía imaginar.

El mensaje para el establishment es claro: ya no confiamos en ustedes. Pero algunos de los líderes en los que los votantes confían podrían plantear un peligro muy real -para sus seguidores, sus países y el mundo.

Trump -con su admiración por los dictadores, su racismo y sexismo descarado, su ignorancia de los problemas y su temperamento volátil- está en los primeros puestos de esta lista. Quienes lideraron la campaña británica para abandonar la Unión Europea -conservadores como Boris Johnson (ahora secretario de Relaciones Exteriores del país) y Nigel Farage, el líder populista de extrema derecha del Partido de la Independencia británico- reciben prácticamente el mismo rechazo por haber puesto en peligro con su negligencia el futuro del Reino Unido y la UE por igual.