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Defensa de los no visionarios

OXFORD – Varios de los homenajes a Margaret Thatcher tras su fallecimiento la elogiaron como una líder “transformacional” que generó grandes cambios. Y se mencionó con frecuencia a Ronald Reagan, su contraparte estadounidense, que alcanzara una estatura transformacional similar. Sin embargo, más interesante es compararla con el otro presidente de EE.UU. que ejerció mientras ella estaba en el cargo.

Si bien a menudo se lo caracteriza en forma algo despectiva como un mero administrador “transaccional”, la política exterior de Bush fue una de las mejores del siglo pasado. Su gobierno hizo frente al fin de la Guerra Fría, el desmantelamiento de la Unión Soviética y la unificación de Alemania dentro de la OTAN, todo esto sin violencia. Al mismo tiempo, impulsó una amplia coalición respaldada por las Naciones Unidas que repelió la agresión de Saddam Hussein a Kuwait. Si se le hubiera caído cualquiera de las bolas con las que hacía malabarismos, el mundo actual estaría en condiciones mucho peores.

Si bien durante su mandato se produjo una transformación global de grandes proporciones, Bush (en sus propias palabras) no tenía objetivos transformacionales. Con respecto a la unificación de Alemania, se resistió a seguir los consejos de Thatcher y otros, aparentemente por un sentido de justicia y responsabilidad hacia su amigo el Canciller Helmut Kohl. En octubre de 1989 respondió a un llamado de Kohl manifestando públicamente que “a diferencia de algunos países europeos, no le preocupaba que Alemania se reunificara”.

Al mismo tiempo, comprendió la importancia de permitir que Kohl y otros asumieran protagonismo. Cuando un mes más tarde se abrió el Muro de Berlín, en parte debido a un error de Alemania del Este, se le criticó el bajo perfil de su respuesta. Pero había optado deliberadamente por no presumir ni humillar deliberadamente a los soviéticos: “No voy a bailar sobre el muro dándome golpes en el pecho”, fue su respuesta, un modelo de inteligencia emocional viniendo de un líder. Ese dominio de sí mismo ayudó a crear las condiciones para el éxito de la Cumbre de Malta con el Presidente Soviético Mikhail Gorbachev un mes después. La Guerra Fría acabó tranquilamente, y tras ella se fue desmantelando el imperio soviético.