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Elecciones globales en EE. UU.

NUEVA YORK – La mayoría de los habitantes del mundo no podrán votar en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, aún cuando su resultado pone mucho en juego para ellos. Por abrumadora mayoría, los ciudadanos de otros países prefieren la reelección de Barack Obama a una victoria de su retador, Mitt Romney. Y tienen buenos motivos para ello.

En términos económicos, los efectos de las políticas de Romney, que crearán una sociedad más desigual y dividida, no se sentirán directamente en el extranjero. Pero en el pasado, para bien y para mal, otros a menudo han seguido el ejemplo estadounidense. Muchos gobiernos adoptaron rápidamente el mantra de Ronald Reagan sobre los mercados desregulados –fueron políticas que eventualmente desembocaron en la peor recesión mundial desde la década de 1930. Otros países que siguieron el liderazgo estadounidense han experimentado crecientes desigualdades –más dinero para los ricos, menos para los pobres, y el debilitamiento de la clase media.

Las políticas contractivas propuestas por Romney –en un intento prematuro para reducir los déficits cuando la economía estadounidense es aún frágil– casi seguramente debilitarán el ya anémico crecimiento de EE. UU. y, si la crisis del euro empeora, podrían producir otra recepción. En ese punto, con una reducción de la demanda estadounidense, el resto del mundo sí sentiría en forma bastante directa los efectos económicos de una presidencia de Romney.

Eso trae a colación la cuestión de la globalización, que conlleva acciones concertadas en muchos frentes por parte de la comunidad internacional. Pero no se avanza sobre lo necesario para el comercio, las finanzas, el cambio climático, y una gran cantidad de áreas adicionales. Son muchos quienes atribuyen parcialmente estos fracasos a la falta de liderazgo estadounidense. Pero, si bien Romney puede bravuconear y mostrar una fuerte retórica, es poco probable que otros líderes mundiales lo sigan, porque consideran (y para mí están en lo correcto) que conducirá a los EE. UU. –y a ellos– en la dirección equivocada.