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¿Por qué debemos recordar Pearl Harbour?

NUEVA YORK – El 7 de diciembre se conmemora el 67º aniversario del ataque japonés a Pearl Harbour. Con los años, “el día de la infamia” ha llegado a ser un punto de referencia clásico para galvanizar el sentimiento patriótico en los Estados Unidos. A raíz del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, por ejemplo, se hicieron con frecuencia analogías con Pearl Harbour, pero, pese a su posición central en la memoria colectiva de los Estados Unidos, Pearl Harbour sigue sin entenderse bien. En primer lugar, ¿por qué inició el Japón semejante guerra aparentemente autodestructiva? Aparte de las enseñanzas que se desprenden de la transcendental decisión del Japón y que este país debe aprender, ¿hay algo que deban aprender también los Estados Unidos?

La decisión de atacar Pearl Harbour se adoptó después de cinco meses de deliberaciones de las que formaron parte numerosas conferencias ofíciales. Fue un proceso gradual en el que un compromiso más comprensivo, aunque firme, de los EE.UU. podría haber contribuido a orientar al Japón en una dirección diferente. De hecho, el Gobierno del Japón estaba tan dividido, que asombra que al final pudiera unirse.

En el ejército japonés muchos consideraban en un principio a la Unión Soviética como la amenaza principal que afrontaba su país. Otros veían a los EE.UU. como el enemigo primordial. Algunos estaban preocupados por enemigos ideológicos, más abstractos, como, por ejemplo, el comunismo y el “americanismo”, mientras que había también voces que subrayaban la amenaza de la “raza blanca” (incluidos los aliados del Japón: Alemania e Italia) contra la “raza amarilla”.

Además, había quienes preferían no luchar con enemigo alguno, en particular los EE.UU., cuya capacidad para hacer la guerra a largo plazo sobrepasaba –como sabía el gobierno– en gran medida la del Japón. El autor de la operación táctica de Pearl Harbour, el almirante Isoroku Yamamoto, era uno de ellos.