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Las falsas ilusiones de la política monetaria de Shinzo Abe

NEW HAVEN – La politización de los bancos centrales continúa sin cesar. La resurrección de Shinzo Abe y del Partido Liberal Democrático, pilares del sistema político que ha dejado la economía japonesa atrapada en dos decenios perdidos y lo que seguirá, es tan sólo el último ejemplo.

Las recientes elecciones en el Japón versaron decisivamente sobre las opiniones de Abe acerca de la política monetaria del Banco del Japón (BdJ). Sostuvo que un tímido BdJ debía aprender de sus homólogos más resueltos, la Reserva Federal de los EE.UU. y el Banco Central Europeo. El argumento es el de que, así como estos últimos han salvado la situación, al parecer, mediante su heterodoxa y atrevida relajación cuantitativa (RC), Abe cree que ha llegado el momento de que el BdJ haga lo propio.

Desde luego, parece que se saldrá con la suya. Como el mandato del Gobernador del BdJ, Masaaki Shirakawa, acaba en abril, Abe podrá seleccionar a un sucesor –y dos gobernadores adjuntos, además– para llevar a cabo su propósito.

Pero, ¿dará resultado? Si bien, ahora se acepta de forma generalizada la política monetaria experimental como procedimiento operativo habitual en la actual época posterior a la crisis, su eficacia es dudosa. Casi  cuatro años después de que el mundo tocara fondo a raíz de la crisis financiera mundial, los efectos de la RC han sido sorprendentemente asimétricos. Aunque las inyecciones de liquidez en gran escala fueron eficaces para acabar con la paralización de los mercados crediticios y detener las peores consecuencias de la crisis, como lo demuestra el papel desempeñado al respecto por la primera ronda de RC de la Reserva Federal en el período 2009-2010, las medidas posteriores no han logrado nada parecido a una recuperación cíclica normal.