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¿A qué se debe el auge de China?

Providence, R.I.- China está celebrando el trigésimo aniversario del período conocido oficialmente como “reforma y apertura”. Esta forma de etiquetar el tiempo refleja la historia imperial de China. En momentos de transición política –por ejemplo, una victoria militar- el Emperador podía acuñar un “nombre de la era” especial para celebrar las buenas noticias. Asimismo, después de una debacle política, la corte podía poner a prueba un nuevo nombre para dar borrón y cuenta nueva. El último emperador de la dinastía Tang proclamó, en catorce años, siete nombres de era buscando en vano “reetiquetar” su reinado y evitar que su régimen cayera.

Deng Xiaoping empezó a abogar por la “reforma y apertura” en 1978. La “reforma” sugería una flexibilización del control central de la vida económica, emprendida con un espíritu de pragmatismo y gradualismo como antídoto a la ideología de la “revolución” de Mao Zedong. De igual manera, la “apertura” anunciaba la integración de la República Popular China a la comunidad mundial –especialmente al Occidente capitalista. La política actual todavía se basa en los principios de Deng.

Hay que remontarse a la dinastía Qing (1644-1912) y su era de sesenta años de “florecimiento celestial” ( Qianlong) en el siglo XVIII para encontrar un periodo comparable de políticas públicas y económicas coherentes. La era de “reforma y apertura” ha sobrevivido por más de una década a su “emperador” y ha sido el hilo conductor en las transferencias de autoridad política desde Deng, pasando por Jiang Zemin, hasta Hu Jintao. Incluso el reto popular más difícil al que jamás se haya enfrentado el Partido Comunista Chino, las protestas de 1989, hoy parece un pequeño incidente que ayudó a Deng a consolidar el apoyo a su modelo de desarrollo.

Si hay un factor que sostiene el compromiso de China con la “reforma y apertura”, se trata de los extraordinarios cambios macroeconómicos de los últimos treinta años. En China la gente lo llama fazhan o “desarrollo” pero en la mayor parte del resto del mundo se le describe más comúnmente como “el auge de China” o el “milagro chino”.