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Por qué Europa necesita recortes automáticos

MÚNICH – Tras haber acordado duplicar la capacidad de crédito calificada como AAA del Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera (EFSF, por su sigla en inglés), el fondo especial creado por los estados de la eurozona para ofrecer ayuda a las economías de los países miembros en problemas, los países de la Unión Europea ahora están discutiendo las condiciones según las cuales se podrá acceder a los fondos del EFSF. El asunto crucial es hasta qué punto los acreedores tendrán que participar en las medidas de rescate aceptando “recortes” –es decir, pérdidas parciales de sus reclamos.

Los representantes de los países excesivamente endeudados, y de los países cuyos bancos están muy expuestos como acreedores, sostienen que los recortes desestabilizarían el sistema financiero europeo, generando efectos de contagio equivalentes a una segunda crisis de Lehman Brothers. Pero el Grupo Asesor Económico Europeo de CESifo, un grupo de economistas de siete países europeos, rechazó esta postura en su último informe, dado a conocer recientemente en Bruselas.

El grupo sostiene que una crisis del estilo de Lehman no puede suceder por la simple razón de que ya sucedió. En octubre de 2008, un mes después del colapso de Lehman, los países del G-8 acordaron rescatar a todos los bancos sistémicamente importantes, mientras que se establecieron mecanismos de rescate del orden de los 4.9 billones de euros (6,7 billones de dólares) a nivel mundial –y que hoy todavía están prácticamente intactos-. Si uno de esos bancos tuviera problemas por un impago de deuda soberana, de inmediato se podría disponer de los fondos de rescate necesarios. Otra crisis del mercado interbancario, por ende, es muy improbable.

Por el contrario, el informe del grupo subraya el verdadero riesgo para Europa: un retorno a las limitaciones de presupuesto –tanto público como privado- y el excesivo endeudamiento que sobrecalentaron su periferia sur y oeste y dieron lugar a desequilibrios comerciales desestabilizadores. Los recortes limitarían este riesgo al alentar un alineamiento más estrecho del diferencial de la tasa de interés de cada país con su capacidad de crédito –la herramienta esencial por la que los mercados imponen disciplina a sus deudores.