Por qué recortar las emisiones de carbono no es suficiente

Hace 20 años, los gobiernos adoptaron el Protocolo de Montreal, un tratado para proteger la capa de ozono de la Tierra de las emisiones de sustancias químicas destructivas. Pocos podrían haber previsto lo trascendental que resultaría esa decisión.

El Protocolo apuntaba de manera explícita a eliminar progresivamente sustancias como los clorofluorocarburos (CFC) -que se encuentran en productos tales como heladeras, espumas y aerosoles para el cabello- de manera de reparar la delgada capa gaseosa que filtra los rayos ultravioleta nocivos del sol. Para 2010, cerca de 100 sustancias que destruyen el ozono, inclusive los CFC, habrán sido eliminadas a nivel global.

Sin las decisiones que se tomaron hace 20 años, los niveles atmosféricos de las sustancias que destruyen el ozono habrían aumentado diez veces para 2050. Esto podría haber derivado en hasta 20 millones de casos adicionales de cáncer de piel y 130 millones más de casos de cataratas de ojos, para no hablar del daño a los sistemas inmunológicos humanos, la vida silvestre y la agricultura.

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