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¿Por qué Barack Obama?

NUEVA YORK – El ganador de las elecciones presidenciales de Estados Unidos heredará una tormenta perfecta de problemas, tanto económicos como internacionales. Enfrentará la agenda de inauguración de mandato más difícil de cualquier presidente desde –y lo digo con total seriedad- el hombre que salvó a la Unión, Abraham Lincoln. Pero un antecedente más aleccionador es 1933, cuando Franklin Roosevelt le ofreció una retórica inspiradora y una “experimentación audaz” a un país que enfrentaba una crisis económica y un resquebrajamiento de la confianza pública.

En mi caso, la elección es simple –y no sólo porque soy, por temperamento e historia, un demócrata-. La prolongada e intensa campaña política ha revelado enormes diferencias en las posturas, estilo y cualidades personales de los dos candidatos. Y la conclusión parece clara.

Criterio . John McCain ha demostrado a lo largo de su carrera ser proclive a correr riesgos; en sus memorias, orgullosamente se define a sí mismo como un jugador de apuestas. La elección que hizo de Sarah Palin como compañera de fórmula, una candidata carismática pero espectacularmente poco calificada, es apenas el más llamativo de muchos ejemplos del McCain real. Su valentía en el combate es testimonio de su patriotismo, coraje y fuerza, pero su criterio penosamente brilló por su ausencia una y otra vez en su carrera.

Barak Obama también es un duro, pero de manera diferente. Nadie debería subestimar lo difícil que fue recorrer su camino, contra todos los pronósticos, hacia la cúspide de la presidencia. Pero mientras que McCain es impulsivo y emocional, Obama esgrime un bajo perfil y es desapasionado. Toma sus decisiones de una manera tranquila y metódica; la impulsividad de McCain es un anatema para Obama, y con razón –no se puede jugar a los dados con la historia-. Después de haber visto a tantos líderes políticos vacilar bajo presión, valoro esta capacidad por sobre muchas otras. Y Barack Obama la tiene.