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¿De quién es el Banco Mundial?

NUEVA YORK – La selección por el Presidente de los Estados Unidos de Jim Yong Kim para la presidencia del Banco Mundial ha recibido buena acogida y con razón, en vista, sobre todo, de algunos de los otros nombres que se barajaban. Con Kim, profesor de Salud Pública que ahora es Presidente de la Universidad de Dartmouth y anteriormente dirigió el departamento de VIH/SIDA de la Organización Mundial de la Salud, los Estados Unidos han propuesto a un buen candidato, pero su nacionalidad y el país que lo seleccione –ya sea pequeño y pobre o grande y rico– no debe desempeñar papel alguno en la decisión sobre quién obtendrá el cargo.

Los once directores ejecutivos del Banco Mundial de países en desarrollo y en ascenso han propuesto dos candidatos excelentes, Ngozi Okonjo-Iweala, de Nigeria, y José Antonio Ocampo, de Colombia. Yo he trabajado estrechamente con lo dos. Son de primera categoría, han sido ministros de múltiples carteras, han desempeñado admirablemente cargos de dirección en organizaciones multilaterales y tienen las aptitudes diplomáticas y la competencia profesional para llevar a cabo una labor excelente. Entienden las finanzas y la economía, los asuntos básicos del Banco Mundial, y tienen una red de relaciones para intensificar la eficacia del Banco.

Okonjo-Iweala aporta el conocimiento de la institución desde dentro. Ocampo, como Kim, aporta las ventajas y desventajas de ser alguien de fuera, pero Ocampo, profesor distinguido en la Universidad de Columbia, conoce muy bien el Banco Mundial. Anteriormente ha sido no sólo ministro de Economía y Hacienda, sino también de Agricultura, competencia de importancia decisiva, en vista de que la inmensa mayoría de los pobres de los países en desarrollo dependen de la agricultura. También aporta credenciales medioambientales impresionantes, otro de los asuntos fundamentales para el Banco.

Tanto Okonjo-Iweala como Ocampo entienden el papel de las instituciones financieras internacionales para brindar bienes públicos mundiales. Durante todas sus carreras, sus corazones y sus inteligencias han estado entregadas al desarrollo y a cumplir la misión del Banco Mundial de eliminar la pobreza. Han puesto el listón muy alto para cualquier candidato americano.