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¿A quién le pertenece Georgia?

En las últimas semanas, los líderes de distintas organizaciones de oposición de Georgia, como Antisoros y Fairness, han sido encarcelados bajo acusaciones injustas de planear un golpe de Estado en nombre de Rusia. Pero la ola de represión política simplemente refleja los esfuerzos desesperados del Presidente Mikhail Saakashvili por aferrarse al poder. Con un creciente descontento popular y el fortalecimiento de los grupos de oposición, las autoridades han buscado controlar a las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y reforzar a las fuerzas de seguridad. Pero eso sólo hará que las protestas masivas sean inevitables y en última instancia pondrá en peligro la transición democrática en Georgia que Saakashvili dice representar.

Saakashvili ve la “mano de Moscú” en todo desafío a su autoridad, lo que podría explicarse por la estrecha alianza de su gobierno con los Estados Unidos. Pero las personas que fueron arrestadas en la última redada contra la oposición fueron encarceladas en un primer momento por el gobierno de Eduard Shevarnadze, al que Saakashvili ayudó a derrocar durante la supuestamente democrática “Revolución de las Rosas” de Georgia en 2003.

Los últimos acontecimientos indican claramente que una mentalidad zarista sobrevivió a la revolución, y se refleja en un modelo bizantino de poder político –un emperador y su corte—que tiene como vehículo principal una autoridad presidencial ilimitada en gran medida. Antes de que las fuerzas de seguridad atacaran al bloque opositor que represento, se enjuició a personas que apoyaban las reformas educativas, mientras que la mayoría de la prensa está bajo la influencia del gobierno.

Saakashvili sostiene que las fuerzas de oposición que represento se oponen a los valores occidentales. Pero nosotros promovemos el parlamentarismo, la verdadera separación de los poderes ejecutivo y legislativo en Georgia. Y, al apoyar el modelo occidental del parlamentarismo, estamos del lado de Georgia, no de Rusia. Es extraño que Saakashvili, egresado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Columbia, no vea la disparidad entre su propia retórica democrática y sus actos autócratas.