Skip to main content

fischer159_gettyimages_europebluedatatrade Getty Images

¿Quién ganará el siglo XXI?

BERLÍN – Las dos primeras décadas del siglo XXI están empezando a proyectar una larga sombra sobre el mundo occidental. Ha transcurrido mucho tiempo desde que comenzó el siglo, cuando la gente en todas partes, pero particularmente en Europa, abrazaba de manera indulgente el “fin de la historia”.

Según esa noción ilusoria, la victoria de Occidente en la Guerra Fría –la última de las tres grandes guerras del siglo XX- había dado lugar a un orden mundial para el cual no podía haber alternativas. A partir de entonces, se pensaba, la historia mundial marcharía firmemente hacia la universalización de la democracia y la economía de mercado al estilo occidental. El nuevo siglo simplemente sería una continuación del anterior, con un Occidente triunfante que expandiría su dominio.

El mundo hoy es más sabio. La red de alianzas e instituciones que sostenían el predominio de Occidente está demostrando ser un producto del siglo XX, y su futuro actualmente está en duda. El orden global está atravesando un cambio fundamental, en tanto su centro de gravedad gira del Atlántico Norte al Pacífico y al este de Asia. China está a punto de convertirse –económica, tecnológica y políticamente- en una potencia mundial y en el único rival del principal poder hegemónico, Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Estados Unidos se están cansando de su papel de liderazgo global. Empezó a dar un paso atrás durante la presidencia de Barack Obama; pero con Trump aceleró su retiro de manera caótica y peligrosa. La abdicación al liderazgo por parte de Estados Unidos plantea una amenaza para la propia existencia del Occidente transatlántico, que descansa sobre una base de valores e instituciones políticas compartidos. A falta de alternativas razonables, la estructura se está desmoronando.

Rusia, por su parte, enfrenta el futuro mirando a su pasado del siglo XX. Al igual que la Unión Soviética, apuesta plenamente a las armas nucleares. Sin embargo, en el siglo XXI, el poder no estará determinado por el propio arsenal nuclear, sino por un espectro más amplio de capacidades tecnológicas basadas en la digitalización. Quienes no estén a la vanguardia de la inteligencia artificial (IA) y del Big Data inexorablemente se volverán dependientes de otras potencias, que terminarán controlándolos. Los datos y la soberanía tecnológica, no las ojivas nucleares, determinarán la distribución global del poder y la riqueza en este siglo. Y, en las sociedades abiertas, los mismos factores también decidirán el futuro de la democracia.

En cuanto a Europa, el Viejo Continente no ingresó al nuevo siglo de manera óptima. La Unión Europea vivía en la grata ilusión post-histórica de una paz duradera y no supo completar el proyecto de integración (aunque sí logró expandirse hacia el este). El retiro implícito de la garantía de seguridad de Estados Unidos en el gobierno de Trump ha afectado a Europa de manera inesperada.

Subscribe now
ps subscription image no tote bag no discount

Subscribe now

Get unlimited access to OnPoint, the Big Picture, and the entire PS archive of more than 14,000 commentaries, plus our annual magazine, for less than $2 a week.

SUBSCRIBE

Lo mismo puede decirse de la revolución digital. La primera fase de la digitalización –las plataformas de trato directo con los consumidores- ha estado liderada casi por completo por Estados Unidos y China. No existen plataformas europeas competitivas dignas de mencionar, ni hay empresas de computación en nube europeas capaces de estar a la altura de los gigantes de Silicon Valley y China.

La cuestión más importante que enfrenta la nueva Comisión Europea, entonces, es la carencia de soberanía digital de Europa. El dominio por parte de Europa de la IA, el Big Data y las tecnologías relacionadas determinará su competitividad general en el siglo XXI. Pero los europeos deben decidir quién será el dueño de los datos necesarios para alcanzar la soberanía digital, y qué condiciones deberían gobernar su recopilación y su uso. Estas cuestiones determinarán el destino de la democracia en Europa, y si el futuro del Viejo Continente será un futuro de prosperidad o de decadencia. Así las cosas, deben decidirse a nivel europeo, no a criterio de los estados-naciones individuales. De igual importancia es que estas cuestiones se respondan hoy. Europa necesita hacer rodar la bola digital –o le pasará por encima.

En los próximos años, el diseño y la producción automotriz, la ingeniería mecánica, la medicina, la defensa, la energía y los hogares privados se verán alterados por las tecnologías digitales. Los datos generados desde estos sectores en gran medida serán procesados a través de la nube, lo que significa que el control de la nube será vital para el destino económico y estratégico de largo plazo de los países.

Para salvaguardar su soberanía digital, Europa necesitará hacer enormes inversiones en capacidad de computación en nube y los otros recursos físicos que sustentan la revolución digital. Europa ha sido demasiado lenta e indecisa en este sentido. Su desafío hoy consiste en alcanzar a Estados Unidos y a China, para no quedar rezagada de manera permanente.

Los europeos no deberían albergar ninguna ilusión de que el sector privado vaya a ocuparse de las cosas por cuenta propia. La desventaja competitiva de Europa exige un cambio fundamental de estrategia al más alto nivel. Las instituciones de la UE tendrán que liderar a la hora de establecer regulaciones y, junto con los estados miembro, de ofrecer el financiamiento necesario. Pero garantizar la soberanía digital de Europa implicará un esfuerzo mucho mayor, que involucre a las empresas, los investigadores y los políticos.

Luego del reciente quincuagésimo aniversario del primer aterrizaje en la luna, se ha discutido mucho en los medios sobre un potencial vuelo tripulado a Marte. En el caso de Europa, sin embargo, el viaje espacial puede esperar. La principal prioridad debe ser establecer y salvaguardar la soberanía digital, y hacer lo que sea necesario para frenar su propia decadencia y proteger la democracia. Para bien o para mal, el siglo XXI ya están bien avanzado.

https://prosyn.org/f0zGHA6/es;
  1. campanella17_Ryan AshcroftSOPA ImagesLightRocket via Getty Images_englihs Ryan Ashcroft/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

    Back to Little England?

    Edoardo Campanella

    The United Kingdom's bid to withdraw from the European Union is typically characterized as a dramatic manifestation of British nationalism. In fact, it has almost nothing to do with Britain, and everything to do with English national identity, which has been wandering in the wilderness ever since the fall of Pax Britannica.

    1

Cookies and Privacy

We use cookies to improve your experience on our website. To find out more, read our updated Cookie policy, Privacy policy and Terms & Conditions