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¿Quién va a detener a los torturadores de Zimbabwe?

Nunca había visto una ametralladora de combate en un hospital civil hasta el día en que fui a la Clínica Avenues en la ciudad de Harare a visitar a dos líderes prodemocráticas mujeres que acababan de sobrevivir a una golpiza brutal y metódica a manos de la policía.

“Tuvimos que soportar una tortura inenarrable. Esa noche, cada vez que oíamos el ruido de las botas que regresaban, se nos aflojaban las entrañas”, dijo Grace Kwinjeh, al relatar la experiencia horrorosa por la que ella y Sekai Holland, 64, habían tenido que pasar.

Ahora intentaban curarse bajo vigilancia armada y oían las mismas botas que se acercaban a sus camas de manera intermitente durante toda la noche.

El “11/3” de Zimbabwe –el día en que 50 personas partieron para asistir a un encuentro de oración pero terminaron sufriendo horas de tortura perpetrada por agentes de seguridad- conmocionaron al mundo y alimentaron la esperanza de que finalmente pudiera frenarse la impunidad del presidente Robert Mugabe. Sin embargo, apenas un mes después, las cámaras de los noticieros de televisión están enfocadas en otra parte y los líderes internacionales apagan los teléfonos, negándose a oír los lamentos agudos que provienen de Zimbabwe.